Al parecer, la negociación salarial en el Instituto Mexicano del Seguro Social se estaba pareciendo más a una pelea de tías por los centros de mesa en una boda que a un diálogo formal. Ante el drama, la presidenta Claudia Sheinbaum decidió intervenir con la sutileza de un rinoceronte para poner orden.
Los trabajadores del Seguro Social, después de analizar la oferta de un aumento total del 6.8%, que incluía un 2.9% directo y un 3.9% en prestaciones, decidieron que con eso no alcanzaba ni para los chicles y la rechazaron. Su contraoferta, mucho más ambiciosa, pide un 10% directo a la vena salarial, además de mejoras generales. Pese a que se abrió una nueva mesa de diálogo, convocaron a una marcha nacional para el 21 de octubre, aparentemente para estirar las piernas y mostrar sus mejores pancartas. Viendo el revuelo, Sheinbaum, desde su conferencia del 16 de octubre, le dio un empujoncito virtual a Zoé Robledo, director del IMSS, y le encargó una misión casi divina: crear un «programa integral» esta misma semana. Este plan no es solo más dinero; es un paquete completo que busca la regularización de plazas y atender todas las «demandas legítimas». Además, la presidenta abordó el desabasto, enviando espías de Birmex a los hospitales para contar pastillas personalmente y tener el chisme de primera mano.
Así que mientras algunos preparan sus consignas y su calzado más cómodo, el gobierno ya está rediseñando el presupuesto con la precisión de un neurocirujano. La marcha del 21 podría terminar siendo más una caminata digestiva que una protesta, porque cuando la jefa da una orden, hasta las calculadoras se cuadran.




