En un giro digno de una comedia de enredos, la presidenta Claudia Sheinbaum confirmó el 16 de octubre de 2026 que la planta Amigo GNL en Sonora está en pausa. ¿La razón? Un amparo que apareció como invitado sorpresa a una fiesta que ya estaba terminando, causando un alboroto monumental.
Sheinbaum, con la paciencia de un monje zen, declaró el viernes: “No hay ningún daño ambiental”. La planta, descrita como “ya prácticamente” terminada, está en pausa por un amparo que investiga presuntas irregularidades, el equivalente burocrático de encontrar una coma mal puesta en la página 800 de un manual de usuario. La megaobra se detuvo, dejando a los ingenieros mirando al horizonte mientras los abogados debaten si el sello oficial iba en azul rey o azul marino. Para calmar a las almas dramáticas, la presidenta anunció que el próximo miércoles se montará un espectáculo de transparencia sin precedentes. Funcionarios de la Secretaría de Energía, Semarnat, Pemex y el propio equipo de Amigo GNL asistirán a la conferencia para explicar con peras y manzanas cada permiso y estudio realizado. “Le pedí a la secretaria de Energía y a la Semarnat que vengan”, señaló Sheinbaum, alistando una presentación tan exhaustiva que resolverá cualquier duda y, de paso, podría servir como una sólida tesis doctoral.
Así, mientras el país espera la clase magistral sobre la planta de Sonora, el proyecto aguarda pacientemente a que la burocracia termine su siesta. Todo sea por demostrar que la única irregularidad fue subestimar el poder de un sello y la inquebrantable pasión por los trámites.




