La presidenta Claudia Sheinbaum abrió el puente Rizo de Oro y, de paso, mandó al retiro a los chalanes que durante décadas convirtieron cada cruce en una aventura digna de náufragos con prisa. La obra conecta a la Frailesca con la Sierra Mariscal y deja atrás los traslados en lancha que dependían del clima y de la paciencia ajena.
Antes, cruzar el embalse de La Angostura podía significar esperar más de una hora solo para subir a la embarcación, y en temporada de lluvias el viaje entre Chicomuselo y La Concordia se estiraba hasta tres o cuatro horas. Ahora, la ruta estatal 230 reduce el tiempo de seis horas y media a cuatro, un ahorro que el gobierno federal calcula en hasta dos horas y media entre Tuxtla Gutiérrez y Frontera Comalapa. La estructura de 408 metros de longitud y 2.1 kilómetros con accesos beneficiará a más de 300 mil personas de diez municipios y 21 comunidades.
El puente de arco mixto requirió 27 dovelas de acero que suman más de 2 mil 666 toneladas y una logística que incluyó torres provisionales de 93 metros. La obra generó 5 mil 700 empleos en poco más de dos años y pasó pruebas de carga del Instituto de Ingeniería de la UNAM y el Instituto Mexicano del Transporte. El secretario de Infraestructura, Jesús Antonio Esteva, recordó que la conexión responde a una demanda de más de cincuenta años.
El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar destacó que el trayecto entre Chicomuselo y Tuxtla Gutiérrez bajará de cinco horas a dos y media. La vía también facilitará el transporte de cosechas y el comercio regional. Aunque queda pendiente otro puente en Boquerón, la entrega del Rizo de Oro ya convierte en historia los días en que cruzar el agua era más ruleta que ruta.



