Durante la mañanera del 28 de octubre, Claudia Sheinbaum soltó una risa discreta y soltó la frase que todos esperaban: “se explica solo”. Con esa sola expresión la presidenta mexicana resumió la huida del excandidato brasileño Flavio Bolsonaro hacia Miami, justo después de perder frente a Lula da Silva en las elecciones de Brasil. Sin entrar en detalles ni crear polémica, Sheinbaum dejó claro que el tema corresponde a otro país y que México no tiene nada que ver con el enredo.
La escena parece sacada de una comedia de enredos mal actuada. El senador de derecha vio cancelado su pasaporte por una investigación de lavado de dinero, aun así logró abordar un vuelo privado y aterrizar en Miami junto con su familia. Mientras tanto, imágenes de celulares mostraron al grupo bajando del avión protegido por paraguas, como si la lluvia fuera el mayor de sus problemas. El gobierno de Estados Unidos, según reportes, ya planeaba tramitar visas para ellos, lo que añade un capítulo más a esta telenovela transfronteriza que nadie pidió.
La presidenta mexicana se limitó a expresar su deseo de que el episodio no afecte las relaciones entre ambos países. Con esa postura serena y sin aspavientos, Sheinbaum demostró que prefiere concentrarse en los asuntos propios en lugar de sumarse al circo mediático. Al final, el vuelo de Bolsonaro quedó como un asunto brasileño-estadounidense que México observa desde la distancia, con la misma curiosidad con la que se mira un partido de fútbol que no es el nuestro.




