El Sindicato del Seguro Social (SNTSS) y el IMSS están en esa fase de la relación donde uno dice “no es suficiente” y el otro pide “un tiempo”. Tras rechazar un 6.8% de aumento global, el sindicato solicitó una prórroga hasta el 15 de noviembre de 2026. Es el “necesito espacio” corporativo.
La propuesta, rechazada en una consulta el 14 de octubre, fue vista por los trabajadores como el equivalente a recibir calcetines en Navidad. Rafael Olivos Hernández, líder del sindicato, canalizó el sentir popular y anunció que volverían a la mesa, básicamente para pedir un regalo mejor. Mientras tanto, algunos inconformes, como si no confiaran en el proceso, ya convocaron a una nueva marcha para el 21 de octubre, exigiendo un 10% directo al salario, porque soñar no cuesta nada. Las negociaciones entre el SNTSS y el IMSS, encabezadas por Zoé Robledo Aburto, continúan en la sede de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social.
Lejos del drama callejero, la presidenta Claudia Sheinbaum, con la paciencia de quien ha visto mil berrinches, le encargó a Zoé Robledo armar un «plan integral». Su mensaje fue zen: «Nadie está obligado a lo imposible», una forma elegante de decir «cálmense todos, estamos en eso». Zoé, cual chef preparando un platillo complejo, ya está cocinando una propuesta que no solo incluye más sueldo, sino también regularización de plazas, atendiendo las quejas recabadas en su gira «Piso por Piso».
Así que mientras unos preparan pancartas, otros preparan soluciones. Esto demuestra que, aunque el amor salarial es complicado y a veces se necesita terapia intensiva, siempre hay espacio para sentarse a platicar y evitar el divorcio laboral, al menos hasta que llegue la siguiente quincena y todos recuerden por qué peleaban.



