México, aparentemente ahogado en una ola de su propio éxito económico, ha decidido que la frontera con Estados Unidos se parece menos a una línea y más a una glorieta congestionada. La solución, según el canciller Roberto Velasco, es simple: construir más puertas, porque la fiesta se está haciendo demasiado grande para la casa.
En una clase magistral de logística presentada al Senado el 14 de octubre, Velasco reveló el plan para ocho nuevos y relucientes cruces fronterizos. El argumento es irrefutable: si el 85% de tu monumental comercio con el vecino del norte se está apretujando por apenas 56 portales, no destapas el desagüe, construyes un parque acuático. El proyecto «Green Corridors» contempla una superautopista elevada para carga entre Nuevo León y Texas, probablemente para que los tráileres no se queden atorados detrás de turistas comprando sombreros. La modernización del puente Reynosa-Pharr, que se inaugurará en noviembre, es como pasar de un módem de teléfono a fibra óptica.
Mientras orquesta esta sinfonía de concreto y acero, la SRE también hace limpieza interna. Negocian para evitar un recorte presupuestal del 4.4% a la protección consular, porque cuidar a los connacionales es prioridad. Además, en un giro que sorprendió a los arqueólogos, se anunció la primera revisión de condiciones laborales para el Servicio Exterior en 26 años. Algunos empleados no veían un ajuste desde que se usaban buscapersonas. Todo esto mientras la diplomacia facilitaba más de 1,500 millones de dólares en inversiones y enviaba 16 notas diplomáticas a EE.UU. para recordarles cómo tratar a la gente.
Así que, mientras otros discuten, México está pavimentando el camino hacia más prosperidad, manejando su comercio y protegiendo a su gente con la precisión de un relojero suizo con un triple expreso.




