Armando González llegó al Roazhon Park con un peinado tan fresco que parecía haber salido de una barbería de telenovela griega. El delantero mexicano arrancó como titular, jugó 59 minutos y ayudó a que Olympiacos mantuviera su invicto en la Europa League con diez puntos tras cuatro jornadas. El empate sin goles ante Rennes se sintió más como una broma cósmica que como un resultado deportivo.
El nuevo look de la Hormiga no solo llamó la atención, también coincidió con una jugada de manual al minuto dos: cabezazo que se fue por encima del arco como si el balón hubiera decidido tomarse vacaciones anticipadas. Olympiacos controló el 62 por ciento del balón y generó peligro con Fortounis y Puerta, cuyo disparo pegó en el poste y provocó que el estadio francés pareciera un salón de clases en silencio incómodo. El equipo griego presionó, corrió y hasta pidió permiso para marcar, pero el cero a cero se mantuvo más terco que un tío en una discusión de sobremesa.
Rennes intentó reaccionar tras el cambio de González, pero Stefan Ortega respondió como portero que cobra por cada balón rechazado. Al minuto 91, Rongier mandó un tiro que Ortega desvió con la misma calma de quien aparta una mosca en la cena. El resultado dejó a Olympiacos invicto y a Rennes con seis unidades, mientras la Hormiga ya piensa en el siguiente partido contra el PAOK y después contra el Milan. Porque en Europa, hasta un empate puede saber a victoria cuando el corte de pelo queda impecable y el invicto sigue intacto.




