Durante el Mundial de Estados Unidos 1994, Hugo Sánchez protagonizó uno de los enredos más recordados del futbol mexicano al negarse a entrar de mediocampista contra Bulgaria. Hoy, tres décadas después, el exgoleador decidió aclarar el asunto con una autocrítica que parece salida de una reunión de exfutbolistas en un café.
Miguel Mejía Barón lo quería en la cancha para equilibrar el equipo tras la expulsión de Luis García, pero Sánchez temía que su falta de oficio defensivo convirtiera al Tricolor en un colador búlgaro. En lugar de aceptar, propuso entrar solo como delantero puro, argumentando que desde Europa no estaba para “fastidiar” al equipo con retrocesos lentos. La decisión generó mitos, acusaciones y debates que duraron años.
Con el tiempo y tras dirigir equipos, el Pentapichichi entendió que un técnico necesita jugadores versátiles, no estrellas que negocien su posición como si pidieran extra de queso en la pizza. Recordó cómo Jaime Lozano aceptó jugar de lateral sin protestar y brilló. Esa lección lo llevó a disculparse en privado con Mejía Barón, cerrando un capítulo que parecía eterno.
El exartillero admitió que su estatus de figura nubló el juicio colectivo y que, visto desde el banquillo, la obediencia vale más que el ego. Ahora, con el aniversario de su debut profesional cerca, el reconocimiento llega como un gol de rebote: tarde, pero efectivo. El tiempo convirtió el capricho de 1994 en una lección de madurez que el futbol mexicano aún agradece entre risas y memorias exageradas.




