La Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno (SAGB) se puso su sombrero de detective y, lupa en mano, se sumergió en el abismo de Birmex y el INM. No encontraron un cuerpo, sino algo más aterrador para un contador: facturas con el estatus de “desaparecida en combate”.
El equipo de Raquel Buenrostro, cual arqueólogos fiscales, señaló un posible boquete de 419.5 millones en Birmex por compras que, al parecer, fueron documentadas con tinta invisible durante 2024 y 2025. Los papeles brillaron por su ausencia, dejando al auditor externo en una vigilia eterna, probablemente calentándose con una fogata de recibos viejos. Esta cacería de expedientes también apuntó a una posible contratación indebida por otros 192.8 millones, probando que a veces el papel más caro es el que no existe. Pero la historia tuvo un giro heroico de eficiencia gubernamental. En el Instituto Nacional de Migración, una limpieza de cajones similar permitió recuperar 284.1 millones de pesos para la Tesorería. ¡Más efectivo que sacudir el sofá de la nación! Adicionalmente, se remitieron otros 399.6 millones al SAT para su cobro. La SAGB no solo identificó el desorden, sino que llegó con escoba y recogedor, demostrando que el sistema de fiscalización funciona con la precisión de un sabueso con cafeína.
Entre las minucias detectadas, como un pago extra de 65.6 millones, la Secretaría ya emitió recomendaciones para mejorar controles. El mensaje es claro: si creías que podías esconder un gasto, hay un auditor con demasiado tiempo libre que te encontrará. El orden ha vuelto al universo contable.



