En un giro digno de un episodio de detectives, el gobierno ha descubierto que ciertos medicamentos del sector público tienen una misteriosa tendencia a escaparse de los almacenes para iniciar su propia vida en el mercado negro. Afortunadamente, la administración actual tiene mejores sabuesos que los de la tele.
Durante la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, el subsecretario de Salud, Eduardo Clark, abordó el tema con la calma de quien ya resolvió el crucigrama del domingo. Aclaró que, si bien el personal médico en su mayoría es más honesto que un santo, existen contados casos de “emprendedores” que confunden el almacén del hospital con su bodega personal. Estos genios de las finanzas son los responsables de que algunas cajas con la leyenda “propiedad del sector salud” terminen a la venta en tianguis improvisados, contribuyendo al desabasto.
Clark fue enfático en no generalizar, asegurando que “nunca diría que los médicos o las enfermeras son responsables del desabasto”. Su mensaje fue claro: no se trata de una conspiración masiva, sino de unos cuantos listillos que creen haber inventado el modelo de negocio del siglo. La Secretaría de Salud, lejos de sorprenderse, ya está atendiendo estos casos, probablemente explicándoles a los involucrados que el robo hormiga no califica como una startup exitosa.
Mientras tanto, el resto del personal de salud sigue trabajando para atender a la población, demostrando que la gran mayoría prefiere su vocación a intentar vender un jarabe para la tos en la banqueta. El gobierno, por su parte, sigue desmantelando estos planes de negocio tan brillantes como fugaces.



