¿Recuerdan ese tramo entre Macuspana y Escárcega donde uno podía envejecer y ver a sus nietos graduarse? Pues la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) decidió que ya basta de sagas familiares sobre el asfalto y le está metiendo nitro al asunto, presentando un avance general del 64%.
Esta epopeya de concreto está transformando una ruta que parecía diseñada por un sismógrafo con hipo. El plan maestro busca recortar 40 gloriosos minutos al viaje entre Tabasco, Campeche y Chiapas. Los trabajos se reparten democráticamente: a Tabasco le tocan 28.5 kilómetros con un 71.34% de avance, Campeche se lleva 20 kilómetros con 55.6% de progreso, y Chiapas recibe unos coquetos 5.5 kilómetros para no quedarse fuera de la fiesta del pavimento liso. El proyecto abarca 249 kilómetros de puro amor carretero, con una inversión de 25,022 millones de pesos, cifra que sugiere que cada bache fue rellenado con billetes finamente compactados.
Esta obra beneficiará a 760,000 habitantes que pasarán de un viaje de tres horas, digno de una penitencia, a uno de dos horas y veinte minutos, casi un paseo dominical. El objetivo es claro: que el tránsito de mercancías y personas fluya como chisme en oficina y no como melaza en el polo norte, integrando la ruta al Corredor del Golfo.
Al final, esta modernización demuestra que hasta los caminos más tercos pueden entrar en razón con la suficiente cantidad de maquinaria y presupuesto. Esos 40 minutos ahorrados podrán ser invertidos en actividades productivas, como ver un capítulo de una serie, tomar una siesta estratégica o simplemente llegar menos tarde al regaño familiar.



