La Cámara de Diputados, tras un merecido descanso, desempolvó sus ábacos gigantes el 12 de octubre para analizar el Paquete Económico 2027. La misión: decidir cómo gastar una cantidad de dinero que la mayoría de nosotros solo vemos en videojuegos, pero con consecuencias un poquito más reales.
La propuesta, presentada por el Ejecutivo en septiembre, es más ambiciosa que plan de villano de película: una recaudación histórica de 9.16 billones de pesos. Mientras analistas con insomnio se jalan los cabellos porque la deuda podría rozar el 55% del PIB, el gobierno parece verla como una inversión estratégica, como quien pide un préstamo para comprar el auto de sus sueños, pero el auto es un país entero. Carol Antonio Altamirano, al frente de la Comisión de Hacienda, revisa los dictámenes con la calma de un monje zen. Se ajusta el RESICO para que más gente pueda jugar, subiendo el límite a 5 millones para personas físicas y 50 para morales. También se le echa una mano al campo, exentando de ISR hasta un millón de pesos a los trabajadores del sector primario. Para los visitantes, la cuota de entrada sube un 35%, básicamente el cover más caro y justificado del mundo. Raúl Bolaños-Cacho, presidente de la Mesa Directiva, calificó el presupuesto de “sobrio y responsable”, demostrando que la sobriedad es relativa cuando manejas cifras con doce ceros.
Mientras el Sindicato del Seguro Social hace su propio drama en las calles, los legisladores se concentran en lo importante: aprobar la Ley de Ingresos antes del 20 de octubre. El mensaje es claro: los problemas se atienden, pero la máquina de hacer billetes no se detiene por nadie.




