Este sábado, Sergio “Checo” Pérez decidió que correr en el GP de Singapur 2026 era muy convencional. Optó por una demostración de física de colisiones en el laboratorio de Marina Bay. Su plan era sumar puntos, pero terminó sumando abolladuras y valiosos datos sobre la resistencia del chasis.
La sinfonía del caos comenzó en la carrera sprint. Tras un viernes coqueteando con los muros, Checo intentaba remontar, pero Lance Stroll decidió redecorar su auto usando el Cadillac de Pérez como material. En la curva 16, el canadiense le cerró el paso con la delicadeza de una estampida. Checo frenó, pero era tarde para evitar el abrazo metálico que los sacó a ambos. Una lástima, pues con solo 14 de 22 coches terminando, los puntos se estaban regalando en una venta de liquidación.
La clasificación para el domingo mantuvo el tono. Checo marcó un 1:35.123, asegurando la posición 20 y una vista VIP de diecinueve tubos de escape. Su compañero, Valtteri Bottas, lo escoltó desde el puesto 21, sugiriendo que los Cadillac estaban en huelga de velocidad. Mientras, en un universo paralelo, Max Verstappen volaba con un 1:31.373, completamente ajeno a la conspiración gravitacional que sufría el equipo estadounidense.
Así, Checo partirá desde el fondo, una ventaja estratégica. No necesita retrovisores y tiene el mejor asiento para ver el caos inicial. Con suerte, la conocida afición de Stroll por el contacto físico le abrirá algunos espacios en la parrilla antes de que termine la primera vuelta.



