Ballet de la Ciudad de México cumple 35 años y el lobo sigue sin comerse el escenario

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El Ballet de la Ciudad de México decidió que los cuentos infantiles también sirven para que los adultos descubran que una flauta puede bailar mejor que ellos en una fiesta. Con *Pedro y el lobo*, la compañía celebra 35 años de convencer a varias generaciones de que la danza y la música de orquesta no son solo para quienes aplauden con guantes.

La historia sigue siendo la de siempre: un niño entra al bosque, conoce animales y rescata al pato del estómago de un lobo que, al parecer, no recibió clases de etiqueta. Lo ingenioso está en que cada personaje tiene su propio estilo de danza y su instrumento, tal como lo ideó Prokófiev. El pájaro se mueve con flauta, el gato con clarinete y el lobo, bueno, con todo el dramatismo que un contrabajo puede soportar sin romper cuerdas. Arcelia de la Peña, cofundadora junto con Isabel Ávalos, explica que la obra se volvió un clásico porque mezcla ballet clásico, contemporáneo y acrobático sin que el público salga huyendo.

En estos 35 años la compañía aprendió que un elenco estable cuesta más que un bosque lleno de lobos, así que ahora convoca bailarines por temporada y usa estímulos fiscales para seguir produciendo. Junto a *Pedro y el lobo* presentan *Báilame un cuento: Coppélia*, donde los autómatas demuestran que ser de plástico a veces es más estable que ser humano.

El lobo ya no asusta, pero sigue recordando que la cultura mexicana puede educar sin aburrir. Las funciones serán los días 7 y 8 de noviembre en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, con boletos desde 350 pesos. Porque si hasta los adultos terminan queriendo volver al teatro, entonces el bosque valió la pena.

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