Altares de Día de Muertos convierten el paddock en museo de fantasmas con volante

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El paddock del Gran Premio de la Ciudad de México se transformó en un cementerio con luces de neón y aroma a cempasúchil. Altares dedicados a pilotos ya fallecidos compiten por atención mientras los equipos preparan monoplazas para la carrera. La mezcla entre tradición mexicana y Fórmula 1 genera escenas tan extrañas como ver a una catrina posando junto a un casco de carbono.

Entre las ofrendas destacan las dedicadas a los hermanos Ricardo y Pedro Rodríguez, cuyos nombres dan identidad al Autódromo Hermanos Rodríguez. También aparecen Enzo Ferrari, James Hunt, Ayrton Senna, Juan Manuel Fangio, Bruce McLaren, Jim Clark, Gilles Villeneuve, John Surtees y Moisés Solana. Cada altar incluye fotografías, veladoras y flores de cempasúchil, creando un ambiente donde el rugido de motores se mezcla con el olor a incienso. La instalación incluso reservó espacio para Roscoe, el perro de Lewis Hamilton, demostrando que hasta las mascotas famosas entran al panteón del automovilismo.

El resultado es un recorrido entre recuerdos y mecánicos que parecen fantasmas con overoles. Las catrinas posan frente a las ofrendas y atraen flashes mientras los invitados transitan entre zonas de trabajo. La escena resalta cómo México fusiona su cultura con el circo internacional sin perder el tono festivo.

Al final, el paddock demostró que hasta los espíritus más veloces necesitan un altar bien arreglado para volver a la pista.

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