En noticias que confirman que el mundo se ha vuelto un episodio de La Rosa de Guadalupe escrito por adolescentes, una diputada recién electa de 21 años le está dando clases de redes sociales a un presidente de 80. Cuando Ana Elisa Santos estaba ocupada con sus mocos y aprendiendo las vocales, Luiz Inácio Lula da Silva ya estaba firmando decretos. Ahora, dos décadas después, la joven es la asesora principal del mandatario para que no haga el ridículo en TikTok y, con suerte, amarre un cuarto mandato.
La situación es tan absurda que parece un chiste: Lula, un señor que no tiene celular y se refiere a los jóvenes como la «generación del dedito» con el mismo cariño que una abuela habla del reguetón, tuvo que sentarse a tomar apuntes. Tras la paliza que le dio la derecha en el Congreso, invitaron a Ana Elisa y a otros jóvenes salidos del internet para que le explicaran al abuelo presidencial cómo funciona ese aparatito del demonio. Después de la cátedra intensiva, Lula, en un giro de guion más inesperado que el final de una telenovela, se autoproclamó el «rey del selfi». Seguramente ahora está descubriendo los filtros de perrito.
Ana Elisa no es cualquier improvisada. Esta joven, que tiene más seguidores en Instagram que habitantes en muchos países, montó su campaña política desde el cuarto de su mamá. Mientras otros políticos gastaban fortunas en carteles, ella se grababa con un celular explicando sus propuestas entre videos de su pasión por la serie *Grey’s Anatomy*. Es la prueba viviente de que para ganar una elección hoy en día, necesitas más carisma para la cámara que propuestas coherentes. Ahora se mudará a Brasilia, donde promete defender el transporte gratuito, probablemente mientras hace una transmisión en vivo.
El problema, según la propia diputada, es que la izquierda está más perdida en el mundo digital que un pulpo en un garaje. «Los conservadores entendieron mucho antes que ya no existe separación entre las redes sociales y la calle», lamenta. En otras palabras, mientras unos organizaban asambleas, los otros estaban fabricando memes a toda máquina. «Del otro bando a eso le llaman ‘músculo político’, pero aquí le dicen ‘el que hace videítos’. Por eso nos están dando una paliza en el debate», sentenció.
Para colmo, hasta Meta, la empresa dueña de todo el internet, se metió en el pleito. El partido de Lula los acusó de limitar su contenido, como si fuera un adolescente castigado sin wifi. La justicia le dio 24 horas a la compañía para que demuestre que trata a los dos candidatos por igual, lo que equivale a pedirle a un árbitro que jure por su madre que no le va a ningún equipo. Mientras tanto, las encuestas muestran un empate técnico, lo que significa que la elección se decidirá por un pelo. La política moderna, señoras y señores: un octogenario aprendiendo a usar las historias de Instagram para no perder el trabajo.



