En una convención republicana en Dallas, Donald Trump soltó la bomba: cinco mil dólares para cada adulto si su partido conservaba el Congreso. La Casa Blanca lo repitió al día siguiente como si fuera una oferta de supermercado. Claro, para pagar habría que sacar la chequera del Congreso, así que la promesa sonaba más a soborno electoral que a generosidad presidencial.
El mapa de Texas quedó tan retorcido que parecía dibujado por un niño con crisis de identidad. Los republicanos intentaron dispersar votantes demócratas como si fueran migas de pan en un bosque encantado. Un tribunal federal dijo basta, pero el Supremo levantó la suspensión y permitió usar el churro electoral para estas votaciones. El gerrymandering, esa técnica de dibujar distritos con forma de salamandra borracha, sigue vivo y coleando.
Trump también quiso ponerle candado al voto exigiendo pasaporte para inscribirse. Los tribunales le recordaron que no es el dueño de las elecciones y le cerraron el grifo. Otra orden para que el correo rechazara papeletas de quien no estuviera en listas nuevas también se fue al traste. El Departamento de Justicia pidió datos personales de votantes y recibió portazos judiciales uno tras otro.
Si los demócratas recuperan la Cámara, prometen investigar hasta el último recibo del Gobierno y bloquear leyes como si fueran porteros de discoteca. Con el Senado también en su poder podrían tumbar nombramientos de Trump, aunque no los ya confirmados. Hakeem Jeffries ya tiene lista la agenda: recuperar ayudas médicas, subir Medicaid y hacer que el presidente firme o se trague el veto con dos tercios de votos.
En Texas, James Talarico disputa el escaño a Ken Paxton en empate técnico. En Kansas, un pastor metodista demócrata reta a un senador republicano. Mientras tanto, la izquierda del partido, con Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez como abanderados, sigue creciendo como mala hierba en las primarias. El 3 de noviembre se sabrá quién manda en el Congreso que entra en enero. Hasta entonces, Trump sigue con el veto en el bolsillo y los demócratas afilando los cuchillos parlamentarios.




