Trump acusa a Zelenski de alargar la guerra porque la chequera europea es su nueva droga

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En el episodio más reciente del dramatón de la vida real que todos llaman política internacional, el expresidente y actual candidato a todo, Donald Trump, decidió que era un buen día para desatar su furia en redes sociales. El objetivo de su berrinche digital fue su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, a quien básicamente acusó de haberse vuelto adicto al subsidio bélico y de no querer terminar la guerra con Rusia ni aunque le ofrezcan un acuerdo de paz con papitas y refresco gratis.

Informe El Chapucero

A través de su púlpito personal, conocido como Truth Social, Trump sacó su látigo de negociador inmobiliario y afirmó que Zelenski está más feliz que un niño en dulcería con todo el dinero que le llueve de Europa y del «corrupto Joe Biden». Según el magnate, el presidente ucraniano pudo haber firmado un acuerdo hace dos años y ahorrarse un montón de problemas, pero al parecer le gustó más el papel de héroe con presupuesto ilimitado. «Francamente, con toda esa lana, no quiere ponerle fin a esta guerra, y probablemente nunca quiso», sentenció Trump, como si estuviera cancelando una serie de televisión por bajo índice de audiencia.

El autoproclamado maestro del acuerdo explicó que su estrategia es tan sencilla que da ternura: está intentando negociar la paz y no quiere hacer nada que asuste a los rusos y los haga huir de la mesa de negociaciones, tratándolos con la delicadeza de quien no quiere despertar a un oso con resaca. Por eso, suspendió algunas sanciones, en un movimiento que es el equivalente diplomático de decirle al matón del patio: «No te voy a castigar ahora si prometes que vas a pensar en no volver a pegarle al niño nuevo». Trump asegura que hay «avances importantes», aunque no mostró ni un solo recibo, dejando todo en un misterio más grande que el final de una telenovela.

Pero la verdadera joya del coraje de Trump vino cuando habló de los ataques ucranianos a las refinerías rusas. Al parecer, a Zelenski le ha dado por jugar a los bombarderos y esto está encareciendo el diésel, lo cual tiene a Trump más preocupado que si le subieran el precio a su bronceador. Acusó al líder ucraniano de fastidiar a los agricultores y ganaderos estadounidenses, quienes aparentemente necesitan combustible barato para seguir produciendo las hamburguesas que alimentan el sueño americano. Es como si tu vecino hiciera una parrillada tan grande que el humo no te dejara ver el partido de fútbol.

Mientras tanto, en Kiev, Zelenski y su equipo siguen en comunicación con los enviados de Estados Unidos, probablemente para preguntar si el cheque de este mes ya viene en camino. La versión oficial es que están «dispuestos a trabajar constructivamente», lo que en lenguaje diplomático significa: «Queremos la paz, pero una paz con garantías, seguridad privada y si se puede, con vista al mar, porque ya nos gustó la vida de ricos». La diferencia de opiniones entre ambos líderes es tan grande como una factura de hospital en Estados Unidos: Trump quiere cerrar el trato ya para poder tuitear sobre su éxito, y Zelenski insiste en que no se puede negociar con quien te está bombardeando la casa.

El drama continúa sin fecha de cierre, en este culebrón geopolítico que ya dura más que cualquier relación moderna. Para rematar su diatriba, y dejando claro su nivel de sutileza, Trump cerró su publicación con un grito digital digno de tu tío en la cena de Navidad después de tres tequilas: «¡QUIERO QUE ESTA GUERRA TERMINE!». Probablemente porque ya le aburrió y quiere cambiar de canal.

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