Rusia extiende la prohibición de diésel hasta 2027 por culpa de los drones

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El gobierno de Vladimir Putin decidió que el diésel ruso se queda en casa hasta el 31 de enero de 2027, como quien guarda el ron para que no se lo beban los vecinos. La medida busca evitar que el mercado interno se parezca a una gasolinera venezolana en pleno apagón, con colas eternas y precios que suben más rápido que la inflación.

Todo empezó después de que drones ucranianos golpearan varias refinerías, dejando daños menores pero suficiente susto para que los rusos recordaran las filas de los noventa. Alexandr Nóvak soltó la noticia como quien confiesa que se acabó el papel higiénico: prohibición general, salvo el diésel que Putin ya le prometió a Donald Trump para que Estados Unidos no se queje de los precios.

Trump, por su lado, le pidió a Ucrania que parara los bombardeos a las refinerías porque los altos costos del combustible le estaban arruinando el discurso. Ucrania hizo caso durante unas semanas, pero luego volvió a las andadas como el que promete dejar el cigarro y termina fumando a escondidas.

Antes de la guerra, Rusia vendía diésel a medio planeta y producía 85 millones de toneladas al año. Ahora, la mitad se queda dentro del país para que nadie tenga que empujar el coche como en las películas de los setenta. El resto, solo sale si Trump da el visto bueno, porque los acuerdos entre presidentes pesan más que cualquier decreto del gabinete.

En resumen, el diésel ruso se convirtió en rehén de drones, presidentes y mercados nerviosos, mientras los conductores comunes siguen preguntándose si algún día podrán llenar el tanque sin vender un riñón.

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