En el último capítulo de la telenovela geopolítica más absurda del planeta, «Vecinos en Guerra», Corea del Sur ha decidido que ya era hora de unirse al club de los que tienen juguetes que van más rápido que un chisme en oficina. Aparentemente, ver a su vecino del norte presumir de su nuevo cohete le causó una envidia de proporciones nucleares.
Con la solemnidad de quien presenta una nueva licuadora en un programa de televentas, la Casa Azul anunció que su presidente, Lee Jae Myung, asistió al lanzamiento de su primer «vehículo planeador hipersónico». Lo describieron como una «ventaja estratégica clave», que es el lenguaje burocrático para decir «ahora nuestro cohete le gana en una carrera al tuyo». Según ellos, esta maravilla de la ingeniería local es tan veloz e impredecible como un político cambiando de opinión, garantizando que puede darle a cualquier objetivo un abrazo mortal cinco veces más rápido que el sonido.
Este despliegue de fuegos artificiales carísimos llega justo después de que Corea del Norte, el vecino ruidoso que siempre tiene la música a todo volumen, afirmara haber probado su propio misil hipersónico. Pero atención, porque el suyo no es cualquier misil: viene con «inteligencia artificial». Sí, leyeron bien. Pyongyang asegura que su proyectil es tan listo que «no hay forma de evitarlo» y que puede cambiar de ruta como quien esquiva un bache en una calle de Latinoamérica. Uno se imagina al misil calculando la mejor ruta para evitar el tráfico aéreo y de paso, eligiendo qué canción poner en su lista de reproducción.
Por supuesto, los aguafiestas de siempre, Corea del Sur y Estados Unidos, salieron a decir que no es para tanto. Afirman que el misil norcoreano con su supuesta «mente propia» puede ser detectado e interceptado con los sistemas que ya tienen, lo que básicamente se traduce como: «Dejen de inventar, que a ese cohete tuneado lo bajamos con una resortera glorificada». Mientras tanto, el resto del mundo mira este concurso de a ver quién la tiene más larga y rápida, preguntándose si no sería más barato y productivo que simplemente organizaran una carrera de carritos de supermercado.



