El Departamento Administrativo Nacional de Estadística, más conocido como el verdugo de las quincenas, acaba de soltar su más reciente informe para recordarnos que ser adulto es una estafa. La inflación anual en Colombia se trepó a un doloroso 6.29%, un número que suena a código de descuento, pero que en realidad significa que tu dinero vale menos que un tuit de político arrepentido. Los principales culpables de este asalto a nuestros bolsillos son los restaurantes, la salud, la educación y los alimentos, que subieron de precio como si estuvieran en una competencia por ver quién nos deja en la bancarrota primero.
Si creía que su ex era intenso, espere a ver los precios. Salir a comer a un restaurante ahora es un 9.44% más caro, convirtiendo una simple cena en una inversión de alto riesgo digna de la bolsa de valores. Cuidar la salud también se volvió un lujo, con un aumento del 7.79%, porque al parecer enfermarse es solo para quienes tienen ahorros. Y no nos olvidemos de los muebles y artículos del hogar, que con un 6.75% de aumento parece que ahora los fabrican con madera de árboles que dan billetes.
Pero la cosa se pone peor cuando miramos la letra pequeña del desastre. Un trozo de carne de res ahora cuesta un 14.22% más, así que vaya despidiéndose de los asados familiares y dándole la bienvenida a la era del atún en lata. Las frutas frescas, con un absurdo aumento del 16.64%, ya deberían venir con un certificado de autenticidad y un guardaespaldas. Para rematar, el transporte urbano subió un 10.65%, lo que significa que pronto será más económico ir al trabajo en un unicornio alquilado.
En un intento desesperado por darnos un respiro, nos dicen que de agosto a septiembre el golpe fue de «solo» un 0.37%. Es el equivalente a que un ladrón te robe el carro pero te deje cinco mil pesos para el bus, un gesto casi poético. Los genios detrás de este “pequeño” empujón fueron, para no variar, los alimentos y los servicios básicos como el agua y la luz. Básicamente, comer y vivir bajo un techo se están volviendo actividades exclusivas para millonarios con yate.
Mientras tanto, los analistas financieros, esos profetas del apocalipsis económico, jugaban a adivinar el número exacto del desastre, con predicciones que iban y venían como memes en internet. La verdadera joya, sin embargo, es la predicción para fin de año: esperan que la inflación termine en un glorioso 6.91%. Una cifra que nos deja a todos con cara de haber masticado un limón.
Recordemos que la meta oficial del gobierno era un tierno e inocente 3%, una fantasía de principios de año. Es la misma diferencia entre lo que uno planea gastar en la fiesta y lo que termina pagando con la tarjeta de crédito a las cuatro de la mañana. Así que preparen los bolsillos, porque al parecer la única cosa que bajará de precio este año es nuestra esperanza.



