Marco Rubio viaja a India a vender humo y a rogar que le compren su petróleo

Must read

En un episodio más de la telenovela geopolítica «Amores Cruzados», el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, aterrizó en India con más jet lag que un piloto de aerolínea en quiebra y una maleta llena de promesas. La misión: convencer a Nueva Delhi de que deje de comprarle petróleo a su proveedor de confianza (y de oferta), Rusia, para empezar a salir con el Tío Sam, que es más formal pero también más caro.

La situación es digna de un programa de chismes. Estados Unidos le dice a India: «Amiga, date cuenta, ese ruso no te conviene», mientras le guiña un ojo. India, que no tiene un pelo de tonta, responde con la clásica frase de quien no quiere comprometerse: «Estoy diversificando, explorando mis opciones». Esto, en el idioma de la calle, significa «déjame en paz, estoy viendo a otros y el que me dé mejor precio, gana». Rubio, con la sonrisa ensayada de vendedor de enciclopedias, insiste en que ve «progresos sustanciales», lo que se traduce como «por lo menos ya no me cuelgan el teléfono». Todo esto mientras el fantasma de Donald Trump y sus aranceles cancelados a última hora flota en el aire, como el tío borracho de la fiesta que nadie sabe qué va a hacer a continuación.

Pero la visita no era solo para hablar de crudo. Rubio también venía a desempolvar un acuerdo comercial que lleva más tiempo en negociaciones que una reforma de pensiones. Según el secretario, el pacto está a punto de caramelo. «Estamos tan cerca como se puede estar sin tener un acuerdo firmado», afirmó. Una frase que suena sospechosamente a «casi gano la lotería, solo me faltaron los seis números». Al parecer, lo único que falta son «pequeños detalles», como el hecho de que India protege a sus agricultores como una mamá gallina a sus polluelos y no quiere que compitan con tractores del tamaño de un edificio.

Para impresionar a su conquista, Rubio se dio un paseo por la refinería de Reliance en Jamnagar, presentada como la más grande del mundo. Uno se imagina al secretario con los ojos como platos, mirando las tuberías y tanques, mientras en su cabeza sonaba una caja registradora. «India es una superpotencia de refinación», dijo, probablemente pensando en todos los barriles que podría venderles si tan solo le dieran el «sí, quiero».

Al final del día, la visita de Rubio se resume en mucho apretón de manos, muchas sonrisas para la foto y la misma conclusión de siempre: ya veremos. Estados Unidos sigue intentando que India se suscriba a su plan prémium, pero India parece muy cómoda con su paquete básico y sin ataduras. Un nuevo capítulo de este romance fallido que promete más idas y venidas que una puerta giratoria.

More articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Anuncio -spot_img

Latest article