¡Se armó la gorda en la favela digital! Parece que las computadoras se han afiliado a la ultraderecha, o al menos eso es lo que denuncia a grito pelado la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva. El expresidente, harto de que sus publicaciones tengan menos visibilidad que un político honesto, ha decidido llevarle la queja al director de la escuela: el Tribunal Superior Electoral. La acusación es digna de una telenovela de las nueve: Meta, la mamá de Facebook, está castigando a Lula y poniéndole estrellitas en la frente a su archienemigo, Flávio Bolsonaro.
Según los voceros del Partido de los Trabajadores, que ya deben estar preparando una presentación en Power Point para explicar el drama, el algoritmo de Facebook tiene una preferencia descarada. Dicen que la Inteligencia Artificial de Meta, en lugar de ser neutral, le hace el vacío a Lula, escondiendo sus publicaciones debajo de la alfombra digital mientras le da «me gusta» a todo lo que postea el clan Bolsonaro. La cosa se puso tan fea que durante dos días, Instagram le aplicó un «hoy no fío, mañana tampoco» a Lula, impidiéndole promocionar sus contenidos como si le hubieran bloqueado la tarjeta de crédito por exceso de promesas de campaña.
Pero el culebrón tecnológico no termina ahí. Google también recibió su tirón de orejas, como un sobrino travieso que le dibuja bigotes a las fotos de la abuela. El Tribunal le dio 24 horas para explicar por qué su propia IA, en un brote de creatividad literaria, se puso a inventar que Lula era el cerebro detrás de una banda de crimen organizado y terrorismo. Al parecer, el robot de Google confundió el plan de gobierno con el guion de una película de acción de bajo presupuesto, atribuyéndole al candidato frases que ni el villano más retorcido se atrevería a pronunciar.
Así están las cosas en la política moderna: ya no se trata de repartir volantes y besar bebés, sino de pelearse con un montón de cables y chips que parecen tener sus propias convicciones políticas. Mientras los abogados afilan sus demandas, uno se pregunta qué sigue. ¿Un debate presidencial contra una cafetera? ¿Una denuncia contra el GPS por desviarlos a propósito a un mitin del rival? En este circo, lo único claro es que las máquinas ya no solo quieren dominarnos, sino que también quieren votar. Y parece que ya eligieron su bando.




