El FMI regaña a Estados Unidos y China por manirrotos y tacaños, respectivamente

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La directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, decidió que era un buen día para repartir zapes verbales y le tocó a las dos economías más grandes del planeta. En una reunión que sonaba más a terapia de pareja para potencias mundiales, Georgieva básicamente le dijo a Estados Unidos que deje de gastar como si su tarjeta de crédito no tuviera límite. A China, por otro lado, le recomendó aflojar la cartera y empezar a disfrutar un poco de la vida, en lugar de solo trabajar y exportar.

Informe El Chapucero

Con la paciencia de una madre que ve el estado de cuenta, el FMI señaló a las economías avanzadas, y en especial a los estadounidenses, como los «peores infractores» del barrio por su nivel de endeudamiento. Georgieva explicó que la idea de que el crecimiento por sí solo va a pagar esa cuenta es tan realista como esperar ganar la lotería para saldar la hipoteca. La recomendación fue clara: o empiezan a cobrar más impuestos o le bajan dos rayitas a sus gastos, no hay de otra.

Acto seguido, el FMI giró su mirada hacia el gigante asiático, que tiene el problema contrario: es como ese millonario tacaño que duerme sobre un colchón de billetes pero come sopa instantánea todos los días. La sugerencia para China fue que su modelo de crecimiento ya no puede depender de venderle cosas al resto del mundo. Es hora de que sus propios ciudadanos empiecen a gastar y a consumir más, convirtiendo al país no solo en la fábrica del planeta, sino también en su centro comercial.

La conclusión de la directora fue una joya de la simpleza, casi como un consejo de galleta de la fortuna para superpotencias. «En términos muy sencillos, China necesita gastar más, Estados Unidos tiene que ahorrar más y Europa tiene que invertir más», sentenció. Básicamente, les dio a los líderes del mundo un plan financiero tan fácil de entender que es casi insultante, pero que al parecer nadie es capaz de seguir.

Para colmo de males, el FMI advirtió que ya no están para indirectas, pues han «elevado el tono de urgencia» de su mensaje. Con los intereses por las nubes, el margen para hacerse el desentendido se acabó, y las deudas ahora pesan como si estuvieran hechas de plomo. Lo más cómico es que mientras se discutía todo esto en Bangkok, el representante de Estados Unidos ni siquiera se presentó, pues estaba ocupado con la campaña electoral en casa, demostrando que a veces hay prioridades más importantes que la salud fiscal del mundo.

Al final, como en toda reunión donde se habla de dinero, se acordaron de los países de bajos ingresos, que son los que más sufren cuando los ricos hacen sus desastres. Georgieva pidió que no se olviden de llenar las alcancías del FMI para ayudar a los más vulnerables. Es el equivalente a que tus padres se peleen por dinero y luego te pidan una cooperación para la despensa del vecino, cuya casa inundaron mientras discutían.

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