Miles de serbios se plantaron bajo la lluvia en Novi Sad para recordar a las dieciséis víctimas del derrumbe que convirtió una estación recién pintada en un ataúd de hormigón. A las once y cincuenta y dos, hora exacta del desastre de hace dos años, todo el mundo se quedó callado dieciséis minutos, uno por cada muerto. Algunos se quedaron dormidos de pie, otros aprovecharon para repasar la lista de la compra mentalmente.
Entre las flores y las velas apareció Dijana Hrka, madre de Stefan, y se derrumbó igual que la marquesina al ver el cartel con forma de corazón que llevaba el nombre de su hijo. Al lado había quince carteles idénticos, todos esperando que alguien los recoja antes de que el viento se los lleve como promesas electorales.
Los estudiantes llegaron caminando en fila india, empapados y con coronas que parecían robadas de un funeral de telenovela turca. Una chica de dieciocho años llegó desde Subotica y soltó que la tristeza se notaba hasta en el olor a calcetín mojado. Esa misma tristeza, semanas antes, había empujado al movimiento estudiantil a ganar ciento cuarenta escaños de doscientos cincuenta. Ahora gobiernan sin necesitar ni al portero del edificio.
En la lectura del manifiesto dijeron que “tragedia” era una palabra demasiado suave. Lo que querían era “responsabilidad”, esa cosa rara que todavía no ha llegado a los juzgados. El exministro de Construcción lleva acusado desde el año pasado junto con doce personas más, pero el juicio sigue en fase de “ya veremos, que hay que mirar los presupuestos”. La Fiscalía Europea, por su lado, husmea si parte del dinero de la Unión Europea se desvió hacia bolsillos más cómodos que la estación.
Una vecina de cincuenta años resumió el ambiente entre lágrimas: una mezcla de rabia y esperanza parecida a cuando tu equipo gana la liga pero el árbitro sigue cobrando. La madre de Stefan lo dijo más directo: si esta vez meten a alguien entre rejas, tal vez sea la última vez que tengan que salir a la calle con velas para que pase algo. De momento, las velas siguen encendidas y los expedientes siguen cerrados.




