Resulta que una jueza federal le paró los pies al gobierno de Donald Trump y declaró ilegales las sanciones que le habían endilgado en febrero a la empresa de inteligencia artificial Anthropic. Todo porque la compañía tuvo la osada idea de criticar en público al Pentágono. Como cuando el jefe te castiga por decir que el café de la oficina sabe a calcetín mojado y luego finge que es por “seguridad laboral”.
La jueza Rita Lin, en una decisión de 59 páginas que pesa más que manual de instrucciones de mueble sueco, soltó la frase del día: la simple mención vacía de “seguridad nacional” no es un cheque en blanco para ajustar cuentas con quien te cae gordo. Prohibió a las agencias federales seguir la orden de dejar de usar las herramientas de Anthropic, creadora del chatbot Claude, y anuló de un plumazo la etiqueta de “riesgo para la cadena de suministro” que le había colgado el secretario de Defensa Pete Hegseth. Traducción libre: el intento de mandarlos al rincón de pensar se fue al traste.
Así que Claude se queda en el catálogo gubernamental por ahora y Trump se come el revés judicial como quien muerde un limón creyendo que era naranja. La pelea entre el poder y una empresa de inteligencia artificial terminó, al menos de momento, con la toga diciendo que ni con capa de seguridad nacional se puede cobrar venganza a lo torero. Moral de la historia para adultos: cuando criticas al Pentágono y te responden con sanciones, a veces aparece una jueza que te recuerda que el rencor disfrazado de patriotismo no pasa el filtro del juzgado.



