Groenlandia le da una patada en el trasero a la minería para no fastidiar a las focas

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En una decisión que ha dejado a los cazadores de tesoros submarinos más descolocados que un pulpo en un garaje, Groenlandia, ese gigantesco cubito de hielo con ínfulas de país, ha decidido que eso de hacerle cosquillas al fondo del mar con taladros gigantes no es para ellos. El parlamento, en un arrebato de unanimidad que ya quisieran muchas familias para decidir dónde cenar en Navidad, votó por mandar a la minería en aguas profundas a freír espárragos hasta, por lo menos, 2029.

Informe El Chapucero

Al parecer, los groenlandeses prefieren seguir viviendo de su pescadito de toda la vida y de cazar lo que se mueva, actividades que, según ellos, son más entretenidas que despertar a un Cthulhu dormido por un puñado de minerales. La organización WWF, que siempre anda en estos berenjenales ecologistas, aplaudió con las aletas como foca en un espectáculo, diciendo que era un «paso en la dirección correcta» para no convertir el océano en un solar industrial y que sus medios de subsistencia no acabaran como el Titanic.

Pero aquí viene el dilema existencial. Los 57,000 habitantes (más o menos la gente que cabe en un estadio de fútbol) sueñan con mandarle una postal de despedida a su «papá» Dinamarca y declararse independientes. El problema es que la independencia cuesta dinero, y los minerales submarinos eran su billete de lotería para dejar de pedir la paga semanal. Es como tener al diablito en un hombro susurrándote «¡independencia y yates!» y al angelito en el otro diciendo «pero los pececitos, piensa en los pececitos».

Para añadirle más picante al asunto, justo un día antes de que los groenlandeses dijeran «ni de coña», el expresidente y vendedor de zapatillas doradas, Donald Trump, ya se frotaba las manos anunciando que la explotación de recursos en la isla estaba a punto de empezar. Un movimiento tan oportuno como poner la música a todo volumen cuando tu vecino intenta dormir la siesta. Al final, todo esto parece una estrategia para evitar que un día Trump intente cambiar la isla por un par de campos de golf y una torre con su nombre.

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