Flávio Bolsonaro se corona presidente electo desde el sofá de Trump

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El senador se levantó un miércoles cualquiera, miró el calendario y decidió que las urnas habían sido un malentendido. Salió corriendo hacia Estados Unidos como quien huye de la suegra después de romper el florero de la abuela. En el avión privado, entre escala en Ecuador y café frío, redactó una carta donde se presenta como el verdadero elegido del pueblo brasileño.

Según él, Lula sumó diez millones de votos de la nada, como si el Tribunal Superior Electoral hubiera contratado a un mago de circo. La prórroga del horario de votación fue, en su versión, un golpe de Estado digno de una telenovela de las cinco. Mientras tanto, el ministro Moraes le pidió los pasaportes y Flávio interpretó eso como una invitación a mudarse a Miami.

En la misiva agradece a Milei por su coraje y a Trump por prestarle el garage. Promete liderar la oposición desde el extranjero, sin tobillera, sin censura y sin tener que explicar por qué un día dijo que aceptaría el resultado y al día siguiente se declaró presidente. La familia, asegura, está a salvo. El país, según él, está en manos de criminales. Y él, desde la distancia, será la voz que nadie pidió pero que igual va a soltar.

El guion clásico de todo exiliado que se cree de Gaulle: primero el drama, después la comparación con próceres y, al final, la promesa de que esto recién empieza. Mientras tanto, los brasileños se quedan mirando la tele preguntándose si el próximo capítulo lo graban en Brasilia o en Disney World.

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