En un giro de acontecimientos que sorprendería solo a alguien que acaba de despertar de un coma de 30 años, el gobierno de Filipinas ha decidido que la mejor forma de lidiar con los problemas de la juventud es… ¡quitarles el internet! Así es, la Cámara baja del Congreso, en un acto de valentía comparable a ponerle catsup a la paella, aprobó una ley para prohibir que los menores de 13 años tengan redes sociales. Y les cantamos el final de la película: no va a funcionar.
La movida legislativa, inspirada aparentemente por un manual de crianza de 1985, surge después de varios incidentes violentos en escuelas que, según los políticos, son culpa de los bailes de TikTok y no, claro que no, de otros factores más complicados. Como en toda familia disfuncional, papá Senado y mamá Cámara de Diputados no se ponen de acuerdo: uno dice que la prohibición sea hasta los 18, el otro que a los 13. Es como discutir si el castigo es no salir en un mes o no salir hasta que terminen la universidad.
Mientras los congresistas debaten si un niño de 14 años tiene la madurez para ver memes de gatitos, el presidente Ferdinand Marcos Jr., en un raro destello de lucidez, sugirió que prohibir las redes sociales podría ser tan efectivo como intentar tapar el sol con un dedo. Advirtió que los críos simplemente se volverán ninjas digitales, creando perfiles falsos y escondiendo sus actividades en línea, lo que los dejaría más vulnerables que un turista sin bloqueador solar en Acapulco. ¡Vaya, alguien que entiende cómo funciona un adolescente!
Mientras tanto, en sus tronos hechos de datos de usuarios, los jefazos de TikTok, Meta y YouTube probablemente se enteraron de la noticia y respondieron con el sonido de un grillo solitario, mientras seguían nadando en sus piscinas de dinero. Otros países como Malasia e Indonesia ya están en esta cruzada, desactivando millones de cuentas de menores que, seguramente, ya abrieron el doble de cuentas nuevas con el correo electrónico del perro y declarando que su fecha de nacimiento es en 1978.
Así que, mientras los políticos filipinos se dan palmaditas en la espalda por «proteger a la juventud», los niños del país ya están buscando tutoriales sobre cómo instalar una red privada virtual. La moraleja es simple: puedes quitarle el celular a un niño, pero nunca le quitarás las ganas de encontrar una forma de ignorarte mientras ve videos absurdos. El progreso, amigos, es inevitable.



