Como ese padre ausente que se aparece en la graduación con el regalo más caro para limpiar su conciencia, Estados Unidos ha decidido sacar la chequera y arrojarle más de 300 millones de dólares al Caribe. La excusa oficial es «ayudar» con infraestructuras y seguridad, que en el lenguaje diplomático gringo significa «poner más cámaras y micrófonos para asegurarnos de que no estén viendo mucho TikTok chino».
Según el vicesecretario Christopher Landau, quien anunció la noticia con la emoción de quien regala calcetines en Navidad, el dinero se repartirá como si fueran dulces en una piñata. Unos 175 millones irán a cables submarinos para que la conexión a internet sea de alta velocidad, ideal para que los informes de vigilancia lleguen sin retraso a Washington. Otros 67 millones serán para modernizar a las fuerzas de seguridad, lo que probablemente signifique cambiar las macanas viejas por unas que dan toques eléctricos al ritmo de reguetón. Para la salud, unos generosos 61.5 millones, suficientes para comprar curitas y merthiolate para toda la región hasta el próximo huracán.
Con lágrimas de cocodrilo a punto de brotar, Landau admitió que para los estadounidenses «ha sido una fuente de dolor» no haberle prestado al Caribe «la atención que merece». Una declaración conmovedora que suena a cuando te disculpas con esa planta que no has regado en seis meses y ya está más seca que chiste de político. Según él, ahora están restaurando al hemisferio a su «posición de preeminencia», o sea, volviendo a ponerle la correa al patio trasero.
Así que mientras en el Caribe celebran la llegada de esta lluvia de billetes, más de uno se pregunta si la nueva fibra óptica no vendrá con un agente de la DEA de regalo. Pero bueno, a caballo regalado no se le mira el chip de rastreo, sobre todo cuando Estados Unidos lleva más de un año jugando al tiro al blanco con supuestas narcolanchas en la zona. ¡Qué detallazo! Ahora podrán vigilarlos en 4K y con mejor cobertura.




