¡Atención, atención! En un giro de los acontecimientos más inesperado que encontrar un político honesto, el Tribunal Supremo de Estados Unidos le ha dado un portazo en las narices a la administración Trump. Resulta que el gobierno tenía un berrinche monumental y quería prohibir los tratamientos hormonales a los presos transgénero, porque, ya se sabe, no hay problema más urgente en el país que vigilar qué se pone, qué se quita o qué se inyecta la gente tras las rejas.
La cosa es que unos jueces con dos dedos de frente ya habían dicho que negarles su tratamiento a estas personas era una idea tan brillante como intentar apagar un incendio con gasolina. Al parecer, interrumpir un tratamiento médico necesario provoca que la gente se deprima, le entre una ansiedad que ni en la sala de espera del dentista y, en general, lo pasen fatal. ¡Quién lo hubiera imaginado! La ciencia, esa cosa tan molesta que a veces contradice los caprichos de los poderosos.
Pero la cruzada del gobierno no se quedaba en las hormonas, ¡qué va! La prohibición era un paquete completo que incluía hasta las pelucas y el maquillaje. Sí, han leído bien. Al parecer, la seguridad nacional pendía de un hilo por culpa de un posible contrabando de rímel y un arsenal de postizos. El argumento oficial era que las «preocupaciones de seguridad» eran más importantes que el bienestar de los reclusos, que viene a ser la excusa que pones cuando no tienes ninguna excusa de verdad. Temían que una peluca bien cardada pudiera usarse para un motín o que una sombra de ojos demasiado llamativa distrajera a los guardias.
Y mientras los de arriba juegan a los legisladores, abajo hay gente como Alishea Kingdom, una de las reclusas afectadas, que desde que le cortaron el grifo ha sufrido ataques de pánico y una angustia de campeonato. Pero no se crean que los jueces del Supremo se han vuelto de repente los padrinos del arcoíris; son los mismos que hace no mucho dieron luz verde a prohibir que las personas trans sirvan en el ejército. Parece que, por un día, se les cruzaron los cables y decidieron que fastidiar a la gente porque sí ya estaba muy visto.




