El petróleo se vuelve más bipolar que tu ex, mientras en el Golfo juegan a los barquitos explosivos

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El mercado del petróleo amaneció el lunes con una crisis de identidad digna de un adolescente que descubre el rock progresivo. Sus dos personalidades principales, el Brent y el WTI, decidieron que ir de la mano era muy aburrido y tomaron caminos separados, como si fueran un dúo musical peleado por los derechos de una canción. Mientras el Brent europeo se deprimía y bajaba un poquito, su primo gringo, el WTI, se metió tres cafés cargados y subió como la espuma, dejando a los analistas más confundidos que un turista tratando de usar el transporte público.

Informe El Chapucero

¿La razón de este drama existencial? Pues que en Oriente Medio se desató una versión real y sin censura del juego de mesa “Hundir la Flota”. La Guardia Revolucionaria de Irán, al parecer aburrida de sus pasatiempos habituales, decidió que poner minas navales en el Estrecho de Ormuz era una excelente forma de animar el tráfico marítimo. Varios petroleros ya han descubierto de la peor manera que esas boyas raras no eran para decorar, provocando explosiones e incendios que han convertido la principal autopista del crudo en una zona de guerra con olor a barbacoa industrial.

Como era de esperarse, el flujo de petróleo por la zona ha disminuido más rápido que tu paciencia en el banco. Pasó de más de 20 millones de barriles diarios a unos míseros 8.5 millones, el equivalente a pasar de una manguera de bomberos a un gotero para los ojos. Los analistas, esos genios que siempre te explican por qué te empobreciste ayer, salieron a decir obviedades como “los ataques están reduciendo los flujos”. ¡Gracias, Capitán Obvio! Otro experto advirtió que Irán podría ponerse aún más intenso con los fuegos artificiales marítimos, lo que tiene a las aseguradoras de los buques sudando más que testigo falso en un juicio.

Para echarle más leña al fuego (literalmente), el entonces mandamás de la Casa Blanca, Donald Trump, decidió que era un buen momento para jugar al amigo misterioso con Rusia, posponiendo nuevas sanciones energéticas. La movida dejó a todo el mundo con cara de interrogación, como si en medio de una película de acción el protagonista se pusiera a hacer la declaración de la renta. Aunque sus asesores juran que es una pausa para “evaluar”, suena más a que encontraron un cupón de descuento en diésel ruso y no quisieron desaprovechar la oferta.

Así que, mientras el Brent y el WTI siguen con su terapia de pareja en los mercados y en el Golfo continúan con su pirotecnia naval, a nosotros solo nos queda mirar el surtidor de la gasolinera con el mismo miedo que se le tiene a una llamada de un número desconocido. Porque al final, esta telenovela geopolítica la acabamos pagando todos, y el único barril que vemos de cerca es el que no tiene fondo: el de nuestras carteras.

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