¿Se acuerdan de esa infalible táctica del patio de colegio que consistía en gritar «¡rebota, rebota y en tu culo explota!»? Pues parece que en el Kremlin han desempolvado el manual del niño de primaria para su política exterior y han decidido aplicarlo a nivel planetario. En un giro de guion más predecible que el final de una telenovela de las nueve, Rusia ha exigido a los Países Bajos y a quien se deje que arresten y les manden por paquetería a nueve miembros del Tribunal Penal Internacional (TPI), básicamente por el delito de haberles hecho fruncir el ceño.
La Fiscalía rusa, que al parecer opera en una realidad alternativa donde ellos ponen las reglas, reparten las cartas y además se cantan solitario, sacó su lista de los más buscados. En ella figuran la presidenta del TPI, Tomoko Akane, y otros ocho funcionarios judiciales, a los que acusan con la misma seriedad con la que un niño acusa a su hermano de haberse comido la última galleta. La lógica es aplastante: como el TPI se atrevió a emitir una orden de arresto contra Vladímir Putin por, presuntamente, «reubicar» forzosamente a niños ucranianos, Moscú ha respondido con un «¡pues ahora yo te acuso a ti!». Es el equivalente diplomático a taparse los oídos y gritar «¡no te oigo, soy de palo, tengo orejas de pescado!».
La petición ha sido enviada a Países Bajos como si estuvieran pidiendo una pizza, esperando que los holandeses dijeran: «Claro que sí, guapi, ¿quieres a los jueces con extra de queso o en una caja de extradición para llevar?». Como era de esperar, la comunidad internacional está procesando la noticia con una mezcla de risa nerviosa y agotamiento existencial. Japón, por ejemplo, ha calificado la jugada de «lamentable», que en lenguaje diplomático significa «pero ustedes, ¿son idiotas o se peinan con manteca?». Amenazan con presentar una queja formal, lo que seguramente tiene a los funcionarios rusos temblando en sus botas de piel de oso.
Mientras tanto, en el TPI deben estar decidiendo si responder con un comunicado oficial o simplemente enviar un meme del hombre araña señalando a otro hombre araña. El planeta entero observa este circo con un bol de palomitas en la mano, esperando el próximo capítulo de esta comedia de enredos geopolíticos. Lo único que falta es que Putin funde su propio tribunal internacional en un garaje, con un juez honorario sacado de un reality show y sentencias decididas a piedra, papel o tijera.



