El primer ministro británico Andy Burnham soltó un no rotundo cuando le preguntaron si invitaría a Vladimir Putin a la cumbre del G20 que se celebrará en Mánchester el año que viene. La respuesta fue tan seca que parecía que le estaban pidiendo prestado el coche para llevar a la suegra de vacaciones.
Mientras tanto, en Estados Unidos ya le habían extendido la invitación para una reunión en Miami, como si el G20 fuera un bar donde unos te dejan pasar y otros te echan por escupir en el suelo. Rusia sigue siendo miembro del grupo a pesar de que varios países occidentales la miran de reojo, igual que al tío que llega borracho a la boda y empieza a contar chistes sobre la familia.
Burnham, que fue alcalde de Mánchester, parece decidido a que la cumbre no se convierta en un circo con oso incluido. Putin, por su parte, tendrá que conformarse con ver las fotos por internet, como el que no fue invitado al asado y ahora solo puede oler el humo desde la calle.



