¡Adiós, camaradas! Austria expulsa a espías rusos más obvios que un calcetín con sandalias

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En un giro de los acontecimientos que sorprendió a absolutamente nadie con dos dedos de frente, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Austria finalmente se hartó de tener vecinos ruidosos y les dio una patada en el trasero a cuatro diplomáticos rusos. La razón oficial es por «actividades incompatibles con su estatuto diplomático», que en el lenguaje de la gente normal significa «los pillamos con las manos en la masa, espiando como si no hubiera un mañana». Al parecer, los agentes secretos ya no son lo que eran; estos seguro usaban gabardina y sombrero hasta para ir a la playa.

El gobierno austriaco, actuando con la sutileza de un elefante en una cristalería, declaró a los cuatro individuos «personas non gratas», una forma elegante de decirles «hagan sus maletas y no dejen que la puerta les golpee el trasero al salir». Tres de los susodichos calentaban una silla en la embajada rusa y el cuarto jugaba a los soldaditos en la delegación de seguridad. Con estos, ya son 18 los «diplomáticos» rusos que Austria manda a casa desde 2020, acumulando más expulsiones que un equipo de fútbol en la final de la Libertadores. La última vez, el escándalo fue por un «bosque de antenas» en los tejados rusos, que seguramente usaban para intentar piratear la señal del partido del domingo.

Como era de esperarse, la embajada rusa se puso hecha una furia, como suegra a la que no invitaron a la boda. En un comunicado lleno de drama y despecho, calificaron la decisión de «paso hostil» y amenazaron con una «respuesta adecuada», que probablemente consista en dejar de seguir a Austria en las redes sociales o ponerle una estrella en las reseñas de Google. Acusaron a Viena de seguir ciegamente la «política antirrusa de Occidente», olvidando convenientemente que espiar a tus anfitriones suele considerarse de mala educación en casi cualquier cultura.

Mientras tanto, Viena, conocida por ser el punto de encuentro de más espías por metro cuadrado que de turistas comiendo salchichas, sigue su vida. La ciudad, que desde la Guerra Fría parece un episodio de una telenovela de espionaje, añade otro capítulo a su larga historia de intrigas. Los cuatro expulsados ahora tendrán que buscarse un trabajo de verdad, o al menos aprender a espiar con un poco más de disimulo. Quizás la próxima vez intenten esconder sus antenas dentro de un strudel de manzana gigante.

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