¡A trabajar, vagos! Bolsonaro pone a los pobres a prueba como si fueran becarios mal pagados

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Como si la vida de los más necesitados en Brasil no fuera ya un episodio extendido de «El Juego del Calamar», el candidato Flávio Bolsonaro ha decidido añadirle un nuevo nivel de dificultad. A pocos días de una segunda vuelta electoral más apretada que los tornillos de un submarino, su equipo ha soltado la brillante idea: ponerle un cronómetro a la pobreza. Si recibes la ayuda de Bolsa Familia y consigues un empleo, ¡felicidades! Tienes exactamente dos años para convertirte en el próximo millonario brasileño o, al menos, para que tu sueldo no dé pena. Si no lo logras, la calabaza no se convierte en carroza, pero el subsidio podría decirte «adiós, vaquero».

La coordinadora económica de la campaña, Daniella Marques, lo explicó con la misma delicadeza con la que un elefante entra en una cacharrería. La idea es que el beneficiario tenga un «periodo de transición» de dos años para emprender un negocio o aferrarse a su empleo formal como si fuera el último trozo de pizza en una fiesta. Si después de ese tiempo superas el umbral de ingresos, el sistema te da una palmadita en la espalda y te corta el grifo. ¿Y si todo sale mal y vuelves a la casilla de salida? No te preocupes, hay un «retorno automático», una especie de puerta giratoria de la miseria para que puedas volver a intentarlo. ¡Qué motivador!

Para rematar el festival del humor negro, Bolsonaro planea un «tijeretazo» fiscal y burocrático inspirado en su colega de la motosierra, el argentino Javier Milei. Esto llega semanas después de que el propio Flávio negara con vehemencia que tocaría el sagrado programa de subsidios, en un giro de guion digno de la mejor telenovela de las nueve. Mientras tanto, los casi 19 millones de familias que dependen de esos 136 dólares mensuales probablemente estén haciendo cálculos para ver si con eso les alcanza para comprar palomitas y ver cómo los políticos juegan con su futuro.

Y por si el circo no tuviera suficientes payasos, el expresidente Lula, su rival, salió a decir que debatir con Bolsonaro fue más incómodo que ir a una boda con zapatos nuevos. Lo calificó de «miliciano preparado para mentir», afirmando que en toda su carrera, tras haberse sentado con figuras como Putin, Trump o Xi Jinping, nunca había tenido en frente a alguien con tanta cara de póker y tan poca vergüenza. Lula básicamente dijo que discutir con Flávio es como intentar enseñarle física cuántica a un ladrillo. El pueblo brasileño, mientras tanto, se prepara para elegir entre un susto y una muerte, en lo que promete ser un final de temporada de infarto.

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