A Putin le salta el antivirus caducado y ahora quiere ponerle firewall hasta a la sopa

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Vayan imaginando la escena en el Kremlin: Vladimir Putin, con el ceño más fruncido que el de tu suegra cuando te ve llegar tarde a la cena familiar, ha descubierto que su imperio digital tiene más agujeros que un queso gruyer en un tiroteo. Al parecer, los ciberataques le están lloviendo más que las ofertas del Buen Fin y ha ordenado a todo el mundo que le ponga un candado al internet, pero para ya.

Informe El Chapucero

Con una cara de «se me olvidó descongelar el pollo», el mandamás ruso convocó a una junta de emergencia para anunciar que la combinación de su «operación militar especial» y el hecho de que todo el mundo ande pegado a una pantalla es un cóctel más peligroso que mezclar tequila con decisiones de madrugada. Según él, esta situación pone en jaque la logística, el transporte y hasta el sistema que te avisa cuándo te toca verificar el coche.

El pánico se desató después de que Yandex, el primo lejano y con acento raro de Google, recibiera más palos que una piñata en posada. El golpe fue tan duro que el vocero del Kremlin tuvo que salir a decir con voz de «no pasa nada, pero sí pasa» que la compañía estaba teniendo unas «dificultades». Es el equivalente a cuando se te inunda la casa y dices que solo es «un problemita de humedad». Confiaba, eso sí, en que lo arreglaran solitos, probablemente con cinta de aislar y un par de tutoriales de YouTube.

Putin, en su mejor papel de gerente estresado, exigió mejorar «todos los componentes del sistema», como si estuviera pidiendo una actualización de software para el país entero. Quiere «herramientas de respuesta rápida», que suenan a un botón rojo gigante que, al presionarlo, libera a un ejército de técnicos con cafeína en las venas. Además, pidió más «coordinación» entre la policía, los espías, los de las telecomunicaciones y los bancos, como si estuviera organizando la kermés de la primaria.

Para rematar el sainete, mientras se desarrollaba este drama tecnológico, el banco más grande de Rusia, Sberbank, confirmaba que también le habían dado su «estate quieto» cibernético. Un directivo salió a declarar, con la misma calma de quien ve arder la casa del vecino, que todos los sistemas funcionaban «con normalidad» y no había víctimas. En resumen: el ciberespacio ruso es un campo de batalla, Putin está a un clic de desconectar el país y los banqueros te dicen que tu dinero está más seguro que el secreto de la receta de la abuela. A ver quién se lo cree.

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