Zelenskiy le ruega a Trump: «¡Te dejo en paz al vecino ruso si me prestas el matamoscas!»

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En un giro más dramático que el final de una telenovela de las nueve, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskiy, acusó a su homólogo estadounidense, Donald Trump, de estarle haciendo la vida de cuadritos para que se rinda ante Rusia. La cosa está tan tensa que parece una cena de Navidad familiar después de hablar de política. Zelenskiy, en un acto de desesperación digno de quien se queda sin datos a fin de mes, le propuso un trueque a Trump: dejará de molestar a las refinerías rusas si Washington le manda más misiles Patriot para defenderse.

Informe El Chapucero

Pero la Casa Blanca parece tener los oídos de un político en campaña, es decir, sordos. Según Zelenskiy, no solo le están haciendo el feo con las armas, sino que le han puesto el internet más lento que una procesión de caracoles. Afirma que la velocidad de Starlink, vital para sus tropas, se reduce drásticamente a más de 161 kilómetros por hora, justo la velocidad a la que un dron ruso de 400 km/h se le ríe en la cara. Es como si tu compañía de internet te bajara la velocidad justo cuando estás por ganar la partida en línea.

La tacañería no termina ahí. Aparentemente, la entrega de misiles Patriot ha disminuido a un ritmo de cuenta gotas, con solo 12 interceptores al mes, una cuarta parte de lo que recibían antes. Zelenskiy se queja de que es un envío tan miserable que casi le sale más a cuenta usar resorteras gigantes. Lo peor es que asegura haber pagado por esas armas, lo que convierte la situación en el equivalente a pedir una pizza familiar y que te llegue solo una aceituna en una caja vacía.

El meollo del asunto, según las malas lenguas, es un pacto entre Trump y Putin para mantener bajo el precio del diésel, porque ya se sabe que nada molesta más a un votante que tener que vender un riñón para llenar el tanque. Este acuerdo de compadres ha dejado a Ucrania en una posición más incómoda que un pingüino en el desierto. Zelenskiy incluso soltó, con una sonrisa forzada, que Trump y Putin parecen tener «una buena relación», lo que en lenguaje diplomático significa que son uña y mugre.

Para mediar en este desastre, Trump ha enviado a sus negociadores estrella, Jared Kushner y Steve Witkoff, quienes primero pasaron por Moscú para tomarse un café con Putin antes de visitar Kiev. Mientras tanto, Ucrania se prepara para un invierno más crudo que el corazón de un inspector de hacienda, con apagones, escasez de defensas y la moral por los suelos. La situación es tan crítica que los ciudadanos ya están practicando cómo generar calor corporal contándose chistes malos.

Zelenskiy, con un optimismo que ya quisiera un vendedor de enciclopedias, cree que todo se calmará después de las elecciones estadounidenses. Sin embargo, en el turbio mundo de la geopolítica, una «tormenta leve» suele ser el pronóstico del tiempo justo antes de que te caiga encima un huracán de traiciones. Lo único claro es que, por ahora, el único trato que Ucrania está recibiendo es uno bastante malo.

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