Parece que la fiesta en Wall Street llegó a su fin y el encargado de apagar la música es un tal Kevin Warsh, el nuevo mandamás de la Reserva Federal. En su discurso de debut en Jackson Hole, el tipo básicamente se paró frente a los mercados financieros y les dijo que se acabó el recreo. Como resultado, los índices bursátiles se pusieron más nerviosos que un gato en un cuarto lleno de mecedoras, con caídas mínimas pero simbólicas del S&P 500 (-0,03%), el Nasdaq (-0,21%) y el Dow Jones (-0,07%).
El mensaje de Warsh fue tan sutil como una patada en la espinilla: la inflación sigue demasiado alta y él está dispuesto a hacer lo que sea para bajarla, aunque eso signifique aguarle la celebración a todo el mundo. Dejó claro que la meta del 2% es más sagrada que el último pedazo de pizza en una reunión de amigos. Y para que no quedaran dudas, soltó un «tenemos trabajo por hacer» que sonó a amenaza de mamá enojada cuando ve tu cuarto desordenado.
Lo más irónico es que Warsh justificó su cara de pocos amigos diciendo que la economía está demasiado bien. Al parecer, que la gente gaste un 2% más y que las empresas inviertan un 9% más es motivo de preocupación, como si el éxito fuera una enfermedad contagiosa. Mencionó que gran parte de esa inversión se debe a la inteligencia artificial, lo que significa que pronto las máquinas no solo nos quitarán el trabajo, sino que también tendrán la culpa de que nos suban los intereses.
La reacción del mercado fue inmediata y predecible. El dólar se infló como si hubiera ido al gimnasio toda la semana, mientras que el oro, el refugio de los asustadizos, perdió su brillo y cayó a unos 4.571 dólares por onza. Los bonos del Tesoro a dos años también sintieron el pánico, y su rendimiento subió a 4,27%, señal de que los inversionistas ya están apostando a que el dinero costará más caro en el futuro cercano.
Para rematar, el nuevo jefe anunció un cambio de estilo: la Fed ahora será más «silenciosa y deliberada». En otras palabras, dejarán de dar tantas pistas sobre sus próximos movimientos, obligando a los analistas a leer las hojas de té o consultar a un adivino para saber qué demonios va a pasar. Esto es como si tu pareja te dijera «tenemos que hablar» y luego se quedara en silencio por tres semanas.
Así que, en resumen, el nuevo sheriff ha llegado a la ciudad y no parece tener intención de hacer amigos. Su discurso dejó claro que la era del dinero fácil y los préstamos baratos podría estar llegando a su fin. Para los simples mortales, esto significa que es momento de empezar a guardar los centavos debajo del colchón, porque todo indica que las cosas se van a poner más caras.


