¡Wall Street sufre ataque de pánico y le huye a la inteligencia artificial!

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En un giro dramático más predecible que el final de una telenovela, los genios de Wall Street despertaron el jueves y decidieron que la inteligencia artificial, su amor de verano, ya no era tan atractiva. Después de abrir con cara de funeral, las bolsas se recuperaron cuando los inversores salieron corriendo de las acciones tecnológicas como si hubieran visto un fantasma, provocando una estampida hacia el viejito confiable, el Dow Jones, que subió un sólido 1,08%. El Nasdaq, hogar de los niños prodigio de la tecnología, apenas logró un triste 0,08%, demostrando que la popularidad dura menos que una batería de celular barata.

Informe El Chapucero

Pero no se confundan, no todo fue fiesta y confeti. Detrás de este repentino cambio de humor se esconde un villano clásico: la inflación. Resulta que los precios al por mayor se dispararon un 1,3% en septiembre, su mayor sablazo en más de cuatro años. La culpa, como siempre, la tiene la energía, que se encareció un 10,8%. Básicamente, el costo de producir cualquier cosa está por las nubes, un detallito que pone a los economistas a sudar más que a un testigo falso.

Para añadirle más comedia al asunto, las ventas minoristas subieron un 0,8%, una noticia que los optimistas celebraron por cinco segundos. El truco es que ese aumento se debió casi por completo a que llenar el tanque de gasolina ahora cuesta un ojo de la cara, con un incremento del 6,4% en las gasolineras. Si quitamos los autos y el combustible, las ventas apenas subieron un insignificante 0,2%. Eso sí, el gasto en restaurantes y bares creció 1,1%, porque ante la crisis, la gente prefiere ahogar sus penas en una buena comida.

El epicentro del pánico fue el sector de la inteligencia artificial. La empresa Anthropic, por ejemplo, informó ingresos de 16,800 millones de dólares, pero su ritmo de crecimiento se frenó, y los inversores reaccionaron como si les hubieran cancelado su serie favorita. Otra firma, CoreWeave, vio cómo sus acciones se desplomaban un 17%. El pánico era tal que tuvo que salir el jefazo de Nvidia a decir «tranquilos, muchachos, que no panda el cúnico», para calmar las aguas.

Mientras los titanes tecnológicos se peleaban, el oro, el refugio de los asustadizos, subió más de un 1%, porque nada dice «seguridad financiera» como un ladrillo brillante que no puedes usar para pagar el súper. El dólar, por su parte, tuvo más altibajos que una montaña rusa, sin decidir si estaba preocupado por la inflación o por el colapso de las punto com 2.0. Mañana, seguramente, se volverán a enamorar de la IA y este circo volverá a empezar.

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