Como si fuera un soltero en plena crisis de la mediana edad que de repente quiere comprarse una moto y volver a las andadas, la estatal colombiana Ecopetrol anda coqueteando con la idea de meterse en los campos petroleros de Venezuela. Su presidente, cual galán de telenovela, ya se dio una vuelta por Caracas para explorar las «oportunidades», soñando con barriles y crecimiento. El problema es que mientras Ecopetrol ve un romance floreciente, los analistas de Wall Street ven una relación tóxica a punto de empezar.
Hay un rayito de esperanza en este drama, personificado en el analista Andrés Cardona de Citi, quien parece ser el único amigo que le dice «¡tú puedes, campeón!». Cardona cree que un acuerdo con Venezuela podría ser el empujón que necesita la acción para levantarse del sofá, argumentando que Ecopetrol tiene la experiencia técnica para lidiar con el crudo pesado venezolano. Básicamente, es el único que cree que esta pareja dispareja podría funcionar, al menos desde un punto de vista geopolítico y técnico.
Pero fuera de esa solitaria voz de aliento, el resto del coro financiero canta una canción fúnebre. El consenso de Bloomberg es más pesimista que un lunes por la mañana: el precio objetivo promedio para las acciones en Nueva York es de 14,66 dólares, cuando ahora cotizan a 17,92 dólares, lo que se traduce en un potencial de caída del 18,2%. De trece analistas, solo uno recomienda comprar, mientras cinco sugieren vender, que en lenguaje de finanzas es el equivalente a gritar «¡sálvese quien pueda!».
La gente de Bradesco BBI también se unió al grupo de los aguafiestas, advirtiendo que nadie tiene ni la más remota idea del estado real de los activos venezolanos, y que el panorama político y fiscal del país es más inestable que una mesa con una pata corta. Según ellos, los inversionistas ya celebraron la fiesta de la recuperación de Ecopetrol, y cualquier subida futura depende de que la empresa haga algo de verdad, no solo de que se ponga a soñar despierta con pozos petroleros ajenos.
Para colmo de males, las propias metas de Ecopetrol parecen sacadas de un manual de cómo no crecer. La compañía proyecta producir entre 730.000 y 740.000 barriles diarios en 2026, una cifra incluso menor a los 745.000 de 2025. Además, sus reservas de petróleo tienen una vida útil de 7,8 años, más o menos lo que dura el entusiasmo por ir al gimnasio después de año nuevo.
Por ahora, todo son miraditas y promesas vacías, ya que Ecopetrol no ha firmado ni un solo contrato en Venezuela. La compañía sigue planeando su gran conquista mientras los expertos financieros le sacan las cuentas del rosario. Los inversionistas, por su parte, observan la telenovela con un ojo en la pantalla y el otro en el botón de «vender todo».




