Ucrania recibe internet más lento que un caracol con reuma mientras Trump y Putin se van de cañas

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Imagínate que estás en medio de un apocalipsis zombi y tu jefe decide, por el bien de la empresa, bajarte la velocidad del internet al nivel de un módem de 1998. Pues algo así le está pasando a Volodímir Zelenski, quien denuncia que el sistema Starshield de SpaceX en Ucrania funciona más lento que una promesa de político. Según sus pruebas, el problema no es un fallo técnico, sino una decisión deliberada que casualmente solo afecta a su territorio, como si alguien le hubiera puesto un candado digital justo cuando más lo necesita.

Informe El Chapucero

El asunto roza lo cómico si no fuera trágico. La conexión de Starshield, vital para interceptar drones, se corta a velocidades superiores a 161 kilómetros por hora. El problema es que los drones rusos viajan a unos 400 km/h, convirtiendo la defensa aérea en una misión casi imposible. Es como intentar detener un Ferrari con una red para mariposas; para cuando te das cuenta, ya solo ves el humo del escape mientras rezas para que no se estrelle contra tu cocina.

Mientras tanto, en la otra punta del mundo, Donald Trump ha decidido que las sanciones contra Rusia son para otro día. Justo cuando los rusos lanzaban uno de sus mayores ataques contra 15 instalaciones energéticas ucranianas, Trump suspendió los aranceles a las exportaciones energéticas de Putin. La razón es un pacto con su amigo Vladímir para que baje el precio del gasóleo en Estados Unidos, justo a tiempo para las elecciones. Una jugada maestra de diplomacia de gasolinera.

Por supuesto, nadie quiere hacerse cargo del desastre. Zelenski acusa directamente a Trump y a Elon Musk. Trump se lava las manos diciendo que él no ha tocado nada, y que seguro Musk tampoco. Musk, por su parte, le pasa la pelota al ejército estadounidense, afirmando que ellos deciden los límites de velocidad. Es el clásico juego de culpas de oficina, pero en lugar de robarse el almuerzo de la nevera, se están jugando el destino de un país.

Como era de esperar, en Rusia están descorchando el champán. Un enviado de Putin calificó la decisión de Trump como un «momento verdaderamente histórico», y no es para menos. Les han quitado las multas justo cuando más las necesitaban para financiar su ofensiva. Es el equivalente a que te perdonen la hipoteca el mismo día que te dan un aumento de sueldo por bombardear al vecino.

En el Congreso de Estados Unidos, un grupo de políticos de ambos partidos está que trina, enviando cartas muy serias y pidiendo que se revierta el acuerdo. Pero ya sabemos cómo acaba esto. Mientras ellos redactan comunicados indignados, Putin sigue adelante con su plan y Zelenski intenta defender su país con una conexión a internet que se avergonzaría hasta un tamagotchi. Bienvenidos a la geopolítica del siglo XXI.

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