Parece que en Mercedes-Benz se aburrían de fabricar coches que simplemente suenan a motor y decidieron entrarle con todo al silencio ensordecedor de los eléctricos. La marca presenta su primer SUV totalmente eléctrico creado por su división AMG, esa que antes se dedicaba a ponerle motores de tanque a coches de lujo. Es su manera de decir «aquí estamos» en una fiesta de camionetas a batería que ya está más concurrida que el metro en hora punta.
Con un precio de salida de 113.050 euros, esta joya sobre ruedas cuesta más que la dignidad de un político en campaña. El plan es claro: darle un codazo en las costillas al Cayenne eléctrico de Porsche y ver quién ríe al final. La pelea de millonarios por ver qué camioneta es más rápida para ir a comprar el pan ya tiene un nuevo contendiente, y viene con ganas de bronca.
Para que nadie piense que se volvieron unos flojos, este monstruo silencioso genera hasta 1.169 caballos de potencia, lo suficiente para alterar la rotación de la Tierra si todos aceleraran al mismo tiempo. La versión más potente alcanza los 100 kilómetros por hora en solo 2,5 segundos, una aceleración que podría despegarle los pañales a un bebé o hacer que tu suegra se trague su dentadura postiza. Ideal para llegar al supermercado antes de que se acaben las ofertas.
Un directivo de la compañía soltó la perla de que «no es ningún secreto que los vehículos de gama alta contribuyen de manera desproporcionada a nuestra rentabilidad». Traducido del lenguaje corporativo al de los mortales: los ricos dejan muchísima más lana y hay que seguir exprimiéndolos con juguetes caros. Con 40 modelos nuevos o actualizados previstos para 2027, parece que la estrategia es no dejarle un solo céntimo en la cartera a su clientela.
El verdadero reto será convencer a los puristas, esos que aman el olor a gasolina y el rugido de un V8, de que la velocidad sin ruido también es divertida. Quizás el próximo extra sea un altavoz que imite el sonido de un motor de combustión o, mejor aún, el grito de pánico de los peatones. Mientras tanto, los millonarios del mundo ya están decidiendo si su próximo capricho ecológico será alemán o… bueno, también alemán.



