La empresa de inteligencia artificial que fabrica el chatbot Claude ha visto cómo sus sueños de valoración millonaria se evaporan como un pastel en una reunión de accionistas nerviosos. Antes de iniciar la campaña oficial de su OPI la próxima semana, los posibles inversores ya barajan cifras entre 1,2 y 1,3 billones de dólares, muy lejos de los 1,4 o 1,5 billones que algunos pensaban ofrecer semanas atrás. La caída del 6,4 por ciento en el índice Nasdaq 100, que borró 2,3 billones en un solo día, ha dejado a más de uno revisando sus cálculos con cara de quien acaba de perder la lotería.
El entusiasmo inicial, que llegó a situar la valoración en 2 billones de dólares a principios de octubre, se enfrió después de que la empresa presentara sus resultados financieros y el mercado empezara a toser. Ahora la victoria demócrata en el Congreso añade más presión, porque todo el mundo teme un escrutinio mayor sobre los centros de datos y su consumo desmedido de energía. El índice de volatilidad alcanzó su nivel más alto desde abril de 2025, lo que convierte cualquier salida a bolsa en una apuesta digna de un casino con luces parpadeantes.
Expertos como Stephan Kemper de BNP Paribas sugieren que las valoraciones deberían bajar al menos un 10 o 15 por ciento respecto a las cifras que se rumoreaban, mientras Michael Alfaro de Gallo Partners considera que entre 1,3 y 1,4 billones sería un objetivo razonable para atraer inversores serios. David Rainville de Sycomore Asset Management va más lejos y afirma que fijar el precio en 1,2 billones evitaría problemas de colocación. Max Kettner de HSBC, en cambio, prefiere hablar de cerca de 1 billón para no asustar a nadie cuando las acciones empiecen a cotizar.
El precedente de otras empresas como Cerebras Systems y Figma, que vendieron más acciones de las previstas y luego cayeron en picado, hace que los banqueros de Anthropic prefieran ir con cautela. La compañía y sus accionistas podrían empezar con objetivos conservadores y subirlos solo si la demanda responde bien, o simplemente retrasar todo el proceso varias semanas para actualizar datos financieros. Nadie quiere repetir el espectáculo de acciones que se disparan dos horas y después se hunden como un submarino sin oxígeno.
Al final, la ola de ventas puede resultar incluso beneficiosa si obliga a corregir excesos antes de que el mercado se trague otra valoración inflada. Los inversores, mientras tanto, siguen mirando el reloj y preguntándose si vale la pena apostar por una empresa cuyo principal producto es un chatbot que todavía no sabe cuándo callarse.



