Los inversores de Wall Street se despertaron con resaca después de que Amazon e Intel mostraran que el gasto en inteligencia artificial empieza a parecer una apuesta de borrachos en un casino. Alphabet ya había perdido el 13 por ciento el día anterior, su mayor batacazo histórico, y ahora el Nasdaq se desploma más de un 2 por ciento mientras el S&P 500 pierde más de un punto. Los grandes nombres tecnológicos parecen haber gastado como si el dinero creciera en los árboles, pero los resultados no acompañan.
Amazon bajó cerca del 7 por ciento tras anunciar inversiones de capital mayores a las previstas y el crecimiento más lento de su comercio electrónico en tres años. Intel sufrió una caída del 26 por ciento porque sus previsiones de ingresos quedaron por debajo de lo esperado, con demanda floja de procesadores y problemas de suministro. Otras firmas como Advanced Micro Devices y Nvidia también perdieron terreno, como si el mercado entero hubiera decidido que la inteligencia artificial ya no es la gallina de los huevos de oro.
El hackeo a Binance, con un robo de 6.300 millones de dólares, añadió más leña al fuego y provocó que el bitcoin bajara hasta los 76.300 dólares. Los inversores ahora miran con recelo los 750.000 millones de dólares que las grandes tecnológicas planean destinar juntas a inteligencia artificial. Microsoft, por su parte, emitió 25.000 millones de dólares en deuda, como quien pide un préstamo para seguir apostando a ciegas.
El petróleo subió más de un 2 por ciento por el riesgo de nuevos ataques contra Irán, mientras el oro y la plata bajaban ante la expectativa de tasas de interés más altas. Los bonos del Tesoro y el franco suizo se volvieron refugio, como siempre ocurre cuando el mercado decide que es mejor esconder el dinero debajo del colchón. Más de 400 empresas del S&P 500 subieron, mostrando que no todos están dispuestos a hundirse con las tecnológicas.
Al final, la jornada dejó claro que el entusiasmo por la inteligencia artificial tiene límites cuando las facturas llegan y los resultados no convencen. Los estrategas ya advierten que los inversores se han convertido en vigilantes estrictos del gasto de capital. Mientras tanto, el mercado sigue girando entre el miedo a gastar demasiado y el temor a quedarse atrás, como un adulto que duda si comprar otro boleto de lotería o guardar lo poco que le queda.




