Justo cuando pensabas que podías relajarte un poco, aparece Kristalina Georgieva, la mandamás del Fondo Monetario Internacional, para recordarte que el mundo financiero es una fiesta a la que no estás invitado. En su más reciente sermón, advirtió que las economías emergentes, como la tuya, la van a tener más negra que una noche sin luna para conseguir un préstamo. Resulta que los países ricos están pagando mejor por sus bonos, y eso, amigo mío, significa que el dinero se está poniendo más caro para los de a pie.
El chiste se cuenta solo: cuando los peces gordos de las economías avanzadas suben sus tasas, el resto del planeta se agarra un resfriado financiero de campeonato. Georgieva explicó, con la paciencia de quien le explica a un niño que no puede comer dulces antes de cenar, que esto eleva los costos para pedir prestado. No solo eso, sino que la deuda que ya tienes se vuelve una bola de nieve en bajada y el capital extranjero podría salir huyendo como si hubiera visto a su suegra.
Para ponerle más drama al asunto, la directora del FMI sacó a relucir una cifra que da más miedo que la cuenta del bar después de la quincena. La deuda pública mundial está coqueteando peligrosamente con el 100% del Producto Interno Bruto global. Básicamente, el planeta entero le debe a sí mismo casi todo lo que produce en un año, una situación tan absurda como intentar pagarte a ti mismo con el dinero que te prestaste.
Y como en toda película de desastres, México tiene su cameo estelar. Una economista explicó que el alza en los rendimientos de los bonos de Estados Unidos funciona como el vecino ruidoso que no te deja dormir. Como esos bonos son la referencia para todos, cuando ellos suben, presionan a México para que también encarezca su financiamiento, en una especie de solidaridad forzosa que nadie pidió.
Ante este panorama digno de una telenovela de las nueve, ¿cuál es la solución mágica del FMI? Pues básicamente, te recomiendan que te aprietes el cinturón hasta dejar de respirar. Georgieva aconsejó “garantizar la sostenibilidad fiscal” y “reconstruir los colchones fiscales”, lo que en español de la calle significa ahorrar cuando no tienes ni para empezar. Es el equivalente financiero de decirte que para no mojarte bajo la lluvia, simplemente no salgas de casa.
Para rematar, la funcionaria agregó a la lista de preocupaciones las tensiones comerciales, la incertidumbre geopolítica y hasta la inteligencia artificial, que al parecer también necesita dinero. Así que, mientras los grandes se acomodan, los demás tienen que hacer malabares para pagar las cuentas. En resumen: el financiamiento se está volviendo un artículo de lujo y la economía mundial parece un barco con más agujeros que un colador.




