Según los trajeados de Sura Investments, el gran villano de la economía mundial, ese monstruo que se esconde debajo de la cama de los banqueros centrales, se llama inflación. Al parecer, este malvado personaje sigue haciendo de las suyas, aunque ya no con la furia de 2022, cuando nos subió el precio hasta del aire que respiramos. Ahora es más como un pariente incómodo que se niega a irse de la fiesta, manteniendo los precios justo fuera de donde los peces gordos de las finanzas quisieran.
En el caso de México, la cosa está más tranquila, como si a nuestro monstruo inflacionario le hubieran dado un té de tila. Con una cifra de 3.45%, está dentro del rango que el Banco de México considera «aceptable», lo cual es el equivalente a sacarse un seis en un examen que todos los demás reprobaron. Por eso, Banxico mantiene su tasa de interés en 6.50%, como un padre que amenaza con el cinturón pero que en el fondo sabe que no lo va a usar.
Pero mientras los economistas se obsesionan con este dragón que escupe precios altos, un problema mucho más arrugado y con dolor de ciática se gesta en silencio: nos estamos quedando viejos. Resulta que el verdadero apocalipsis no será financiero, sino geriátrico. El sueño de una jubilación dorada se parece cada vez más a una pesadilla donde no hay quién pague las pensiones, porque simplemente no hay suficientes jóvenes trabajando para mantener a tanto abuelito.
Las cifras del Inegi son para llorar en posición fetal. La edad promedio en México ya saltó de 29 a 32 años en un abrir y cerrar de ojos, lo que significa que estamos más cerca de necesitar un bastón que de irnos de fiesta. Para colmo, la fábrica de nuevos contribuyentes parece haber bajado la cortina, pues el promedio de hijos por mujer descendió de 2.1 a 1.9. Oficialmente, ya ni para el repuesto nos alcanza.
Así que, mientras el mundo se preocupa por la inflación, el verdadero desafío es un futuro no muy lejano donde casi una cuarta parte de la población (24.1% para 2050) tendrá más de 60 años. Prepárense para un país donde las discusiones más acaloradas serán sobre qué marca de pañales para adulto es más absorbente. Vayan ahorrando, porque el único plan de retiro viable será volverse un experto en tejer chambritas para venderlas por internet.




