La inteligencia artificial resucita como Lázaro, pero los millonarios ya le están preparando el ataúd

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Después de una semana con más drama que final de telenovela, donde las acciones de inteligencia artificial parecían listas para el entierro, de repente sonó la música y el muerto se levantó a bailar. Un par de resultados financieros positivos de empresas como SpaceX y Super Micro Computer fueron suficientes para que los inversores olvidaran sus penas y volvieran a lanzar dinero a la pantalla, como si fuera una fuente de los deseos con wifi. La resaca financiera, al parecer, se cura con más alcohol.

El contagio de optimismo se extendió más rápido que un chisme en la oficina. En Corea del Sur, el índice Kospi subió un 2.7%, mientras que en Taiwán el Taiex avanzó un 1.3%, todo gracias a que SpaceX se infló un 8.1% y Super Micro se disparó un espectacular 16%. El mercado asiático en general se levantó con un 1% de ganancia, demostrando que la memoria de los inversores es más corta que la paciencia en el tráfico de hora punta.

Pero no todo fue color de rosa en este casino global. Mientras algunos celebraban, otros se daban de topes contra la pared. La firma coreana Elice Inc., después de tener un debut más vergonzoso que tropezar en una primera cita, se catapultó un 30%. Por otro lado, en Australia, la desarrolladora de centros de datos Nextdc Ltd. se desplomó un 42% después de recortar sus previsiones, cayendo más rápido que las ganas de trabajar un lunes por la mañana.

El pánico de la semana pasada, con el índice Nasdaq 100 perdiendo un 5.5%, dejó a todos con los nervios de punta. Ahora, el mercado entero contiene la respiración esperando los resultados de gigantes como Meta y Tesla. De ellos depende si la fiesta continúa con barra libre de optimismo o si todos vuelven a casa a llorar abrazados a su almohada, preguntándose por qué no mejor invirtieron en una buena taquería.

Y como en toda buena fiesta no pueden faltar los aguafiestas, un par de multimillonarios con canas y cero paciencia salieron a aguar la celebración. Ken Griffin y Ray Dalio advirtieron que esto es una “burbuja” de libro, lista para estallar en la cara de todos. Básicamente, son el tío amargado que te recuerda en plena celebración que el lunes hay que madrugar y pagar las deudas.

Al final, parece que se acabó la euforia desmedida donde cualquier cosa con las siglas «IA» se vendía como pan caliente. Los inversores ahora se han vuelto más selectivos y exigentes, como si de repente se hubieran convertido en sommeliers de acciones después de haber estado bebiendo vino de cartón durante años. Se acabó la barra libre, señores, es hora de empezar a revisar la calidad del producto.

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