La inflación volvió a acelerarse en septiembre porque la gente pagó más por la gasolina y otros productos básicos, como si el bolsillo se hubiera quedado sin escapatoria. El índice de precios de gastos de consumo personal subió un 0,5 por ciento ese mes, después de un aumento del 0,3 por ciento en agosto. Los economistas ya lo veían venir y ahora apuestan fuerte a que la Reserva Federal subirá las tasas de interés antes de que termine el año.
En los últimos doce meses la inflación del mismo indicador alcanzó el 3,6 por ciento, un poco más que el mes anterior. Al mismo tiempo, la economía creció a un ritmo anualizado del 3,4 por ciento durante el tercer trimestre. La versión sin alimentos ni energía, que todo el mundo vigila, subió un 0,3 por ciento mensual y un 3,1 por ciento en el año, números que siguen lejos del objetivo del 2 por ciento que persigue la Reserva Federal.
La institución decidió mantener las tasas entre el 3,75 y el 4 por ciento, pero dejó claro que la inflación sigue demasiado alta. El presidente del organismo advirtió que los precios de la energía no deben contagiar al resto de la economía ni descontrolar las expectativas de la gente. Los mercados financieros ya dan un 84 por ciento de probabilidades a que las tasas suban en diciembre.
El gasto de los consumidores, que mueve más de dos tercios de la actividad, creció un 0,5 por ciento en septiembre, aunque al quitarle el efecto de la inflación se quedó plano. Eso significa que la gente gasta más pero compra lo mismo, como quien llena el carrito del súper y al llegar a casa descubre que solo trajo aire.
Los datos llegan justo cuando la Reserva Federal intenta evitar que el aumento de precios se convierta en una costumbre permanente. Si las tasas suben, los préstamos se encarecerán y el dinero costará más conseguirlo. El panorama pinta como una telenovela donde cada capítulo termina con el mismo villano: la cuenta del banco cada vez más flaca.




