Según los magos de los números del Inegi, para septiembre de 2026 la economía mexicana se pavoneará con un crecimiento anual del 3.7%, como si se hubiera ganado un premio sin comprar boleto. Esta cifra, que suena a música celestial, viene impulsada por el sector de servicios y comercio, que anda más activo que nunca. Sin embargo, detrás de este desfile de optimismo se esconde una verdad incómoda: el avance mensual es más lento que una disculpa de tu expareja.
Los grandes protagonistas de esta telenovela económica son los servicios y el comercio, que representan dos tereras partes de la economía y presumen un avance del 4.0%. A su lado, el sector industrial se anota un respetable 3.6%, como el amigo cumplidor que nunca falla pero tampoco sorprende. Básicamente, los que venden cosas y atienden gente están cargando al país en sus hombros, mientras el resto parece estar echándose una siestecita.
El problema es que, si bien el crecimiento anual se ve robusto, el mensual revela que la economía ya se está cansando. El avance de septiembre fue de un miserable 0.1% comparado con agosto, una desaceleración que huele a resaca después de la fiesta. Los analistas de Monex están rascándose la cabeza, tratando de adivinar si esto es solo un bachecito o el inicio de una caída libre, como cuando te das cuenta a mitad de quincena que ya te gastaste todo el sueldo.
Para añadir más sazón al caldo, cada «experto» tiene su propia quiniela. Los economistas de Banamex apuestan a que el crecimiento de todo el 2026 será de un modesto 1.4%. Mientras tanto, el gobierno de Claudia Sheinbaum tuvo que bajarle dos rayitas a su entusiasmo, ajustando su pronóstico de un optimista rango de 1.8-2.8% a un más realista 1-2%, demostrando que hasta las proyecciones oficiales tienen que enfrentarse a la cruda realidad.
Con la mirada puesta en el 2027, todos parecen coincidir en que «ahora sí, el próximo año será el bueno». El gobierno proyecta una expansión de entre 1.5 y 2.5 por ciento, mientras el resto del consenso del mercado y el FMI se conforman con un 1.8%. Claro, todo esto depende de que la industria no se tropiece y que la revisión del T-MEC no se convierta en un dolor de cabeza, dejando el futuro tan claro como el agua de un charco.




